Täklaya en Emäla.

(Manovuelta en Humedales).

Rodolfo Uribe Iniesta.

..................................................................................."Llegué a la conclusión de que las descripciones ............................................................................................"equilibradas" de las culturas son útiles principalmente ....................................................................................para orientar la redacción de etnografías del viejo estilo o .......................................................................................como instrumentos políticos para ser usados por aquellos ............................................................................que se encuentran en el poder, con el fin de sojuzgar sicológicamente a quienes deben ser gobernados".

......................................................................................................................................Jerome Bruner

I).- El Problema Disciplinario.

Podemos iniciar de un punto de partida estrictamente canónico. Recordemos que Weber decía que la responsabilidad del científico era la de los medios, la de definir los mejores y más adecuados medios de acuerdo a los objetivos, cuya definición estaba en el campo de la política siendo una acción ética y política ejercida por cualquier persona pero no en su calidad de científico. Los fines no pueden ser evaluados, justificados ni probados científicamente, los fines son siempre representaciones, proyecciones, voliciones de determinados sujetos sociales; y en todo caso, el científico puede hacerle comprender a este actor la coherencia, consecuencias, implicaciones y alcances de estos fines.

En la práctica científica contemporánea hemos caído en una dinámica en la que presuponemos que toda finalidad última y mediana de toda investigación está dada por un marco teórico que seleccionamos o que la construimos siempre a partir de una problemática teórica que consideramos legítima. La justificación válida en nuestros parámetros científicos es aquella que se sustenta en la propia argumentación teórica o teorética y/o muchas veces en su propia calidad de pregunta, proposición y construcción experimental. Si algo es experimentable o puede expresarse de tal manera está justificada su cientificidad. Más allá de esto, en la práctica, en las ciencias sociales en realidad la legitimidad institucional de las temáticas ha venido dada de aquello que se discute en los medios de comunicación y por supuesto en las perspectivas de políticas estatales. Todo concepto que aparece en la discusión política-mediática alcanza calidad ontológica y es legítimamente abordable como problemática científica. Estamos entonces ante una cuestión de las subjetividades constitutivas de las problemáticas legítimas, en otras palabras, de los cuerpos sociales que legítimamente pueden constituir problemáticas "científicas", es decir, los sujetos legítimos. Y estamos también ante la necesidad de plantearnos el problema de que muchas veces las evaluaciones de todo nivel y momento del trabajo científico apuntan más a la producción de discursos tautológicos, ideológicos, apologistas o legitimadores de afirmaciones apriorísticas que a la producción de nuevos enunciados sobre la misma realidad, o a la propia expansión del campo visible de la realidad (es decir, a realmente producir nuevos conocimientos).

De entrada nos reconocemos a nosotros –los cuerpos epistémicos legitimados institucionalmente (en el sentido que les da Luis Villoro)- esta capacidad de claificación, pero, de manera implícita y muchas veces inconsciente se la cedemos a ese cuerpo intangible y abstracto que es el Estado como Institución en el sentido francés: un cuerpo ideológico. En este sentido es que resultan muy válidas las caracterizaciones que hacen Giddens y Stavenhagen de las ciencias sociales como ciencias de la modernidad o del desarrollo, respectivamente, en el sentido en que están sobredeterminadas por estos procesos entendidos como cosmologías sociales (sensu Galtung), o marcos epistémicos (sensu Ginzburg), al mismo tiempo que procesos sociales. Son ciencias sometidas por esta ideología, este horizonte ideacional cuyo sujeto único y principal es el Estado. Es decir que de entrada, de manera constitutiva, toda la problemática válida estaría sobredeterminada por este sujeto que aparece en nuestros discursos de manera virtual. Cuando este Estado se mantiene en una misma definición lo mismo que sus dos marcos discursivo/ideológicos mencionados, no existe el cuestionamiento por la utilidad de nuestros quehaceres a nivel social: nuestra vinculación. En este marco se piensa desde el Estado y se dan recomendaciones y proyectos realizables por este actor único.

En un segundo momento, en tanto que nuestros marcos de acción son instituciones parciales se organizan también discursividades parciales que nos guían y limitan y cuyos excesos pueden apuntar al logocentrismo y al etnocentrismo en todas sus modalidades. El problema surge cuando el Estado cambia sus fines y naturaleza redefiniendo los marcos teóricos más generales con lo que entran en cuestión los marcos parciales. Esto es una crisis, pero como tal, es también una oportunidad para replantear nuestra acción. La única manera de hacer lo segundo es no cediendo la autonomía (o sea la capacidad de cuestionar, repensar y redefinir la situación) a actores superiores mediante la aceptación acrítica de marcos de moda o hegemónicos. Y, también, en un segundo momento, compartir esa autonomía con los otros autores deslegitimados por las ideologías resultantes de estos discursos parciales.

No podemos asumirnos en el sentido positivista como los sujetos absolutos. La receta es la construcción de una ontología y una epistemologías dialogantes. Por fuerza dialogamos con los sujetos legítimos autoinstituidos, el Estado y los Medios, aquí estamos en eso; por grado tenemos que dialogar con los otros, los que ahora han sido nuestros "objetos". Los medios por supuesto y el Estado neoliberal nos definen otros actores detrás de bambalinas: los diversos capitales. El Estado neoliberal es democrático en el sentido en que reconoce como actores a los sujetos solventes: los que movilizan recursos económicos o políticos suficientes. Pero nosotros como científicos sociales tenemos que ver/reconocer a todos los actores del campo estudiado.

En este sentido es necesario objetivar, hacernos evidentes las cuestiones de subjetividad social implícitas en nuestros procesos de investigacion en sus diversos momentos y cuestionar los marcos de definición de nuestra "utilidad social" –es decir, asumir nuestra propia subjetividad desde nuestra identidad social funcional. No puede tratarse solamente de aceptar que la utilidad social ahora es valorada de acuerdo a nuestra capacidad de traducir en valor monetario nuestro trabajo, es decir de vender nuestras investigaciones, de conseguir financiamiento. Porque, obviamente, los organismos financiadores son otros sujetos sociales y por lo tanto son entidades parciales, interesadas en apoyar su particular visión del concierto social, tienen una posición oligopólica o monopólica, y por supuesto no se trata de un mercado que semejante al tao manifiesta de forma inmarccesible las leyes del equilibrio y bienestar universal. Frente a las formas estatales aún en su antigua forma monocroma y monolítica tienen la gran desventaja de que eliminan la discusión pública de su acción y sólo responden ante sí mismas. Estos organismos son incuestionables pero están colocados en una situación jerárquica, procesal e institucional que inpunemente pueden cuestionar absolutamente nuestra existencia social y la de nuestros objetos, incluso sin dar la cara –para eso están las normas y reglamentos.

El ejercicio y defensa de nuestra autonomía relativa nos lleva a un campo de discusión en donde por ejemplo la democracia puede ser leída como la libertad de elegir una opción parcial que puede devenir absoluta redefiniendo todo el campo social a su imagen y semejanza o a una situación de convivencia y despliegue de la pluralidad; o en otro nivel leer el cambio de naturaleza del Estado como el dominio de las opciones privadas monopólicas por elección racional de la sociedad; o en tercera opción reconocer la constitución de las múltiples legitimidades de los actores sociales. Es decir, reconocer y dialogar asimétricamente o someterse sólo a los actores solventes, o pensar que existe todavía un campo general de lo social con una multitud de actores en los múltiples momentos colectivos posibles. En la experiencia de la investigación aplicada según mi tránsito profesional en el sureste de 1985 al 2000, las opciones han sido muy burdas: de un momento estatal de conocer los problemas de determinados grupos sociales para "integrarlos " al desarrollo, se pasó al saber lo necesario para imponerles determinadas políticas y ahora simplemente a como traducir al caso concreto una determinación global usualmente denominada "desarrollo sustentable" para hacerlos agentes de éste, para "empoderarlos", cuando no simplemente desaparecieron del campo de lo programable.

Del lado de la opción terciaria surge la emergencia de los colectivos sociales como sujetos, es decir, como entidades que construyen perspectivas propias y problemáticas diferentes sobre las mismas situaciones. Su subjetividad se manifiesta desde la constitución de lo visible y entre otras cosas nos replantea la cuestión de los saberes como el de una pluralidad de opciones cuya jerarquía no está predeterminada. En el caso del conflicto petrolero me fue muy fácil entenderlo: Para los intereses nacionales y globales del petróleo la población de superficie sólo existe como problema y estorbo generando una cuestión artificial, según Adrián Lajous, el más inteligente y "científico" de los gerentes de PEMEX. El problema real según él se limita a la construcción de un indicador de contaminación y una regulación normativa técnica, que de acuerdo con él se logró en 1997. Para el BID y los científicos de las ciencias del desarrollo de las instituciones científicas se trata de la paradoja donde el desarrollo económico genera inconformidad social por una "privación relativa". Para la población local la problemática es la de la "democracia" que empíricamente define como el derecho a decidir lo que le ocurre a su medio ambiente y sus condiciones de existencia. En medio de eso el Estado Federal habla de un problema social para el cual constituye una mediación llamada "desarrollo sustentable", y el poder local lo traduce en una situación definida como "desorden" y redefine la democracia como su soberanía exclusiva sobre el territorio y el orden interno, y el derecho a una transferencia privilegiada de recursos monetarios y su uso discrecional amenazando a la federación inclusive con la secesión.

Tenemos entonces en nuestros humedales del sureste un típico caso Nietszche-weberiano de un mismo campo leído desde valoraciones inconmensurables cuya simplificación científica no tiene sentido. Bobbio ya nos advirtió en contra de la falacia tecnocrática de encontrar una única solución sencilla. Todos estos actores –recordando a Gramsci- tienen a sus intelectuales orgánicos redefiniendo el mismo espacio/situación de acuerdo a su perspectiva y la utilidad/vinculación de tales intelectuales –investigadores reconocidos o no- se valora en tanto dan la razón a uno o a otro, exigiendo el ajuste de los otros actores a su idea de mundo ideal.

Si apostamos a la idea de un espacio propio para la investigación científica, a mantener nuestra autonomía relativa, la opción entonces sólo puede ser hacer conscientes a los diversos actores de sus perspectivas y acciones dialogando desde sus propias situaciones en una fase de reconocimiento propio, primero, y luego de reconocimiento de las otras dinámicas y de las coherencias de sus acciones.

En este sentido nuestro trabajo sólo puede verse como un diálogo con identidades en proceso ( Julia Kristeva dixit) en medio de la dinámica de un conflicto en el que tenemos que reconocernos al establecer nuestras interpretaciones como interactuantes o interventores. Para decirlo en palabras de Ricoeur, aún cuando sólo hagamos un diagnóstico de impacto ambiental estamos generando una narrativa, y toda narrativa describe y prescribe.

Los actores o sujetos sociales concretos sólo tienen preguntas, dudas o conciencia directa de sus necesidades, pero pocas veces de los medios para obtener tales satisfactores. Sólo en ese nivel valoran la "utilidad" de nuestro trabajo que permitirá que se "realice" la vinculación. Entre la manifestación de la necesidad o inquietud y el elemento satisfactor queda un complejo proceso que es lo que comunmente consideramos la investigación en sí, cuyos productos parciales y procesos sólo nos interesan a los iniciados en las disciplinas y a los procesos institucionales académico-científicos cuando a nuestra vez logramos legitimarlos, al mimetizarlos dentro de nuestros propios órdenes discursivos. Sin embargo, siempre hay que hacer un proceso final de adaptación del producto para el usuario concreto.

Lo que propongo yo es que entonces que seamos conscientes y se reconozca institucionalmente que toda investigación que quiera realizar la vinculación, que pretenda tener un uso o impacto extra académico requiere de esta entrada y salida que normalmente quedan fuera de los procesos de evaluación. Y que además la definición de la problemática y temática, si se quiere que tenga éxito la vinculación, debe generarse mediante un proceso de diálogo con los actores sociales involucrados. El diálogo en este nivel debe de verse como un proceso de desplazamiento de perspectivas y como un proceso didáctico de doble sentido. Y es necesario ser conscientes que una investigación de este tipo es un proceso complejo en cuyo curso es necesario generar diversos productos de diverso grado de complejidad y formas de elaboración que tienen diferentes salidas de acuerdo a quien se quiera comunicar el resultado parcial.

Dentro de este desplazamiento de perspectivas, dentro de este diálogo, sobre todo en ciencias sociales, es muy importante poner a prueba y rediscutir muchas de nuestras narrativas disciplinarias, los límites de nuestros horizontes discursivos para romper con las trabas logocéntricas y etnocéntricas que pueden funcionar inconscientemente de nuestra parte como formas de exclusión social. Esto es muy importante ahora. En nuestra región de estudio las formas de financiamiento de investigación ya están actuando como formas de exclusión social. De acuerdo con los requisitos del sistema Sigolfo de CONACYT es un requisito indispensable que todo proyecto cuente con financiamientos locales (y no se cuentan como tales, por ej. El alojamiento y la comida que podrían dar las comunidades campesinas o indígenas), es decir, que si no se trata de un sujeto social solvente, éste no tiene derecho a aparecer en el horizonte de visibilidad de la actividad científica. Cerrando la pinza tenemos que para ser considerado dentro del Sistema Estatal de Investigadores del año 2000, mientras no aparece un apartado para consignar reconocimientos tipo SNI, si aparece otro para el haber o no obtenido financiamientos, debiendo además especificar los montos. Es decir, que se evalúa al investigador por su éxito monetario en relación con los sujetos solventes.

 

II).- En Búsqueda de un Diálogo con un Pueblo Indígena (Yokot’an de Tabasco).

Para sintetizar sólo expongo el caso del llamado "diccionario chontal" que vino a realizarse en el libro "T’an i K’ajalin Yokot’an. Palabra y Pensamiento Yokot’an" (CRIM UNAM-FONCA, 2000) firmado en coautoría con Bartola May. Debo mencionar que es una parte de un proceso iniciado hace 15 años y que ha incluido la elaboración de diagnósticos de salud y sociales para algunas comunidades (esto se hizo con la coolaboración de la Universidad de California), diagnósticos socioproductivos y ambientales para las negociaciones sobre impacto ambiental con la Comisión Federal de Electricidad y PEMEX (esto se hizo como parte de una tesis de doctorado para el Colegio de México) y la participación en la formación de asociaciones culturales (Tesoro de Tamulté y Nikambá).

El proyecto nació a partir de las solicitudes que el auditorio yokot’an le hacía a la estación de radio XENAC Ut’an aj Yokot’an del INI. Se quejaban de que no había diccionarios chontales que les permitieran saber como escribirlo, siendo casi en un 100% bilingües y sabiendo leer casi un 90% de la población (con un mínimo de 3º de Primaria). En respuesta les conseguí 5 estudios antropológicos sobre el chontal y 10 publicaciones bilingües sobre cuentos y tradiciones publicadas por iniciativa de Julieta Campos. Diccionario entonces no había. Los libros de lingüistas y antropólogos no les sirvieron porque básicamente se dedicaban a situar el chontal en las coordenadas de las lenguas mayas y la región y por tanto se dedicaban a comparar palabras sueltas con el agravante de que el uso de signos fonéticos impedía toda comprensión. Los textos bilingües presentaban una hoja en yokotán y otra en español con lo que se impedía comparar un texto directamente con el otro. Para esto había una buena razón. La traducción textual de lenguas mayas al español y visceversa se considera imposible porque muchas palabras mayas normalmente son polisémicas y sólo adquieren sentido en el contexto concreto de la frase, y el orden tradicional de la sintaxis maya no es el de sujeto-verbo-objeto como en el español, sino el de verbo-objeto-sujeto. Además, la referencia a las cosas en las lenguas mayas casi siempre se hace en un sentido metafórico y no conceptual, entonces, por ejemplo, podemos hablar de infraestructura, cuando hablamos del entramado que sostiene la casa.

Vale recalcar entonces que estábamos frente a una necesidad no económica, sino a una necesidad estrictamente cultural no valoralizable por supuesto en una lectura de rentabilidad/recuperación, e incluso exacrable de acuerdo al sentido común de los medios de comunicación locales y de la clase dirigente tabasqueña de que mantener la lengua indígena es promover el atraso económico.

Al discutirse sobre la probabilidad de hacer un diccionario Yokot’an con grupos interesados en las diversas comunidades, se comentó el cambio de la radio cuando al asumir la dirección le prohibí a los locutores que dejaran de hablar como antropólogos explicando a su auditorio Yokotán quienes eran los Yokot’anob, donde estaba Tabasco y que cosa era un pantano o un pejelagarto y el significado de los modismos del español tabasqueño. Además les prohibí que dejaran de traducir al español todo lo que decían. Así querían un libro, que les explicara las cosas a los chontales y no que explicara los chontales a los kantraxtanob. Con esto automáticamente nos eliminábamos de toda aceptación por una valoración científica. El racismo estructural de las ciencias sociales impide reconocer una problemática si no busca explicar lo no moderno/occidental al sujeto virtual moderno/occidental.

El proyecto original suponía su realización solamente por gente Yokot’an con asesoría de un viejo antropólogo y un entonces joven sociólogo. Sin embargo, no se consiguió ningún financiamiento en estas condiciones. Fue necesario esperar a contar con un doctor en ciencias sociales y acudir a una propuesta de un campo novedoso como el de los Estudios Culturales y una propuesta de financiamiento en términos más artístico/creativos como los del Fonca para lograr tener el apoyo. Aún así hubo necesidad de buscar el aval de 3 científicos altamente sensibilizados a la cuestión tabasqueña .

En las suscesivas reuniones con los 3 páneles comunitarios de promotores del trabajo con los que se pudo trabajar todo el camino, se concluyó finalmente en la necesidad de darle forma a una historia propia y a una recopilación de las "tradiciones". Esto obligó a una investigación historiográfica tradicional pero centrada sólo en el pueblo Yokot’an, por un lado, a una recuperación de la historia oral de este siglo, y a un diagnóstico general de la situación actual. Por otra parte obligó a realizar una investigación sobre los procesos constitutivos tradicionales de la etnicidad yokot’an y sus transformaciones actuales. Buena parte de esto se pudo hacer gracias a un trabajo mercenario como consultores del INI, a un financiamiento para un trabajo parcial sobre tradición de parte del Seminario Permanente de Cultura Mexicana y al desarrollo de la tesis doctoral para el Colegio de México, procesos en los cuales se incorporaron las temáticas decididas colectivamente y cuya elaboración y conclusiones siempre se regresaron a discutir con dichos páneles de trabajo.

Sobre la base de tener los contenidos y las materias primas que sí pudieron presentarse como productos académico/científicos (varios artículos que ahora se conjuntan en un libro, la tesis y un informe técnico) se pasó al problema de la presentación final. Con base en la estructura seudofractal de los procesos rituales-productivos tradicionales deducida por mí y rediscutida con los compañeros, se consideró que había material suficiente para reconstruirla no de manera analítica, como en la tesis, sino con base en los testimonios propios de la gente, bajo un orden fácilmente identificable por los Yokot’anob. Y respecto a la historia se hizo un apretado resumen para que el tamaño del libro permitiera venderlo barato. Sobre esta base también se decidió no incluir aparato crítico ni bibliografía. La publicación aunque no distribución de un "buen" diccionario y de otro "excelente" nos obviaron generar nuestro propio glosario.

Respecto al idioma se decidió que la guía sería el Yokot’an pero aparecería primero el español porque es el que la gente sabe leer. Se decidió que aunque los jóvenes que han llevado secundaria en español hablan el chontal con sintaxis española, la parte que iba a tener una nueva redacción (la histórica), se redactara con sintaxis maya. Sobre esta base escribí una primera versión en español con sintaxis maya en lo posible. Después ésta se tradujo al yokot’an y finalmente ésta se volvió a traducir, pero esta vez textualmente palabra por palabra al español. La guía era dejar con las metáforas yokot’anob las palabras nuevas, pero en muchos casos se peleó por demostrar que las palabras yoko servían para nombrar los procesos contemporáneos. Y hubo casos de palabras yoko olvidadas que rescatamos de textos del siglo XVI cuando no encontramos quien nos las pudiera decir. Eso implicó trabajar y corregir los dos idiomas palabra por palabra en un texto original de 90 cuartillas.

Todo estuvo a punto de naufragar en el dictámen de publicación. Varios compañeros antropólogos que revisaron el texto a profundidad y con gran profesionalismo cuestionaron: a) la falta de aparato crítico; b) la falta de bibliografía; c)la interpretación de historia regional en donde no salía bien parado ningún héroe del panteón nacional ni regional, a la luz del centramiento en el pueblo Yoko –que no una etnohistoria, porque para eso todavía le faltó-, todos son iguales; y d) de manera fuerte, el problema de que ese español raro implicara "mal enseñar" a los chontales; además de que no señalábamos las versiones distintas de la historia prehispánica tomando como buena la narrativa del siglo XVI y las interpretaciones de Piña Chan. Cedimos anexando una bibliografía y lo demás lo defendimos con discusiones y exposiciones. Después en el Consejo Interno del CRIM se argumentó que no era un trabajo científico porque era una mera traducción. Las 600 cuartillas de mi tesis doctoral y 100 de artículos escritos en 15 años salvaron este argumento. Finalmente tuvimos que superar los formatos automáticos de edición de la UNAM al obligar la realización de una tipografía y composición creativa –lo que disfrutaron los compañeros técnicos por salir de la rutina-; y ya ahora discutimos formas creativas para poder vender los libros directamente en los pueblos Yokot’anob porque no hay distribución de libros UNAM en Tabasco. Adelantándonos, por lo pronto, a través de los estudiantes para maestros bilingües de la UPN de Tabasco programamos presentaciones en las preparatorias de los principales pueblos y hemos logrado ya la difusión del libro en los principales medios escritos y radiofónicos regionales. Normalmente a los investigadores se nos olvida que un libro que no sale de la distribuidora UNAM no existe, también tenemos que venderlos nosotros mismos. No existe todavía ningún programa oficial, universitario ni privado para la difusión y promoción de la lectura de la producción de los investigadores universitarios.

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