VI. DE LA SUBJETIVIDAD A LA CULTURA ()
(Para un itinerario marítimo
que satisfaga la sed de mar)
1. Zarpar.
Este capítulo reúne una sistematización personal acerca de un conjunto de vivencias, experiencias, idealizaciones, dudas y certezas que tienen que ver con la investigación social, entendida como una práctica concreta, y como tal, mediada por factores múltiples. En estas páginas se intenta responder, fundamentalmente, a una cuestión central: ¿qué sentido ó sentidos tiene hoy generar conocimiento sobre lo social? Esta pregunta ha sido recurrente en las ciencias sociales latinoamericanas. La situación de subordinación estructural de todos los países del subcontinente, es un elemento insoslayable que actúa como mediación de toda práctica cognoscitiva que quiera ser socialmente pertinente. En consecuencia, ubicamos este trabajo en la perspectiva que indaga los vínculos entre emancipación y conocimiento esto es, de la praxis como categoría central para pensar y transformar la realidad.
La formulación de la pregunta que se anotó arriba no corresponde a un quehacer ocioso. El propósito es reunir de manera ordenada un conjunto de inquietudes que han surgido en el afán por generar conocimiento en el campo de los estudios culturales en México y en América Latina. La propuesta es reexaminar el pensamiento sobre lo social desde la perspectiva que ofrece la subjetividad, dimensión que remite al opus nigrum de las ciencias sociales: la complejidad del sujeto, la simultaneidad física, biológica, antropológica y holográfica que confluyen en él.
Situarse desde la perspectiva del sujeto implica aceptar el vértigo que se produce en el dinamismo subversivo de la vida en ruptura con las ideas cristalizadas y los mundos hechos. El Opus Nigrum refiere al pensamiento alquímico, y en particular a la experiencia de disolución y calcinación de las sustancias para permitir el surgimiento de lo nuevo. Aplicado al pensamiento sobre lo social, el Opus Nigrum simboliza las pruebas a las que se enfrenta un sujeto que desea liberarse de las rutinas y de los prejuicios para aceptar una paradoja crucial: ser sujeto y objeto de un acto continuo de reflexión y acción.
La consecuencia de esta toma de posición para el investigador que se asume como sujeto es indagar la relación entre existencia y conocimiento, repensar el sentido humano del vivir y poner a prueba la afirmación de que el conocimiento verdadero sólo es posible mediante la "angustia vivencial", por la cual se percata de su finitud y de la fragilidad de su posición en el mundo.
El interés por la subjetividad es, en primera instancia, un desafío ético en consonancia con una manera de reconceptualizar lo real. Simultáneamente, la subjetividad es un recurso metodológico, que pretende enfrentar un conjunto de problemáticas presentes en las ciencias sociales expresadas en prácticas de promoción y transformación que han resultado inviables al no saber contender con esta dimensión de lo real. La propuesta consiste en ir más allá de los estructuralismos y de la fenomenología de lo social, ver más allá de lo evidente y de las cristalizaciones mediatas e inmediatas (vector uno); indagar acerca de las realidades que están detrás, que son constituyentes de las realidades descriptibles (vector dos); revisar los parámetros de tiempos y espacios; aproximarse a la Realidad Compleja, como realidad constituyente, básica, fundamental, primigenia, generadora, caósmica a través de los dinamismos constituyentes de los sujetos.
El potencial innovador de esta manera de plantear la práctica cognoscitiva en América Latina se puede documentar a través de una trayectoria académica muy consistente (Zemelman, 1987, 1992 a y b, 1994 y 1995). El interés de organizar la reflexión sobre subjetividad y sujetos es que permite establecer un puente entre las trayectorias y los quehaceres individuales con los colectivos, esto es, concebir un programa académico con una clara connotación política.
Como parte de esa empresa se adoptan las siguientes premisas:
1) abordar las cuestiones metodológicas como constitutivas de una problemática definible en sí misma;
2) analizar la relación entre la viabilidad de los proyectos sociales y el compromiso del investigador, alrededor de las preguntas: ¿Cómo intervenir en los sueños realizables de una comunidad? ¿Cómo reconocer la otredad que forma parte de uno mismo? ¿Como integrar el conocimiento de los arquetipos, de lo numinoso y de lo cotidiano? ¿Cómo reconceptualizar los espacios y los territorios desde la subjetividad y de la cultura?
Algunos de los temas que se derivan de lo anterior y que han configurado la agenda de investigación en curso, son: la modernidad como problema en América Latina, las ciudadanías, lo trascendente vs lo trascendental; la cuestión étnica y las identidades sociales; la traducción metodológica de las experiencias de investigación acción; la identidad del investigador como dispositivo de conocimiento de la sociedad sobre sí misma; la subjetividad como cualidad del sujeto que conoce; la complejidad en el sujeto; la apertura dialógica al mundo; la búsqueda de sentido, la educación y la apropiación cultural.
Las preguntas que han servido como ejes de orientación son: ¿Desde dónde se piensa? ¿Desde dónde se habla? ¿En qué consiste la capacidad de conocer, proyectar, actuar? ¿Qué es la subjetividad?
La respuesta a esta cuestiones define la especificidad del trabajo a realizar. La subjetividad se concibe como una herramienta para pensar. ¿Pensar qué? Básicamente, los ángulos de lectura y las lógicas de razonamiento que participan en la producción del conocimiento social. Esta tarea requiere analizar las interrelaciones que van de lo individual a lo colectivo y que cristalizan en proyectos sociales, en otras palabras, que se responda a las siguientes preguntas: ¿Cómo se vuelve social la subjetividad? ¿Qué dimensiones humanas son subjetividad y cuáles no lo son? ¿Cómo se historiza la subjetividad? Y la pregunta que, posiblemente, tiene más consecuencias: ¿para qué sirve discutir y reflexionar sobre la subjetividad? Sin pretender formular una respuesta exhaustiva, conviene anotar algunas ideas iniciales.
¿Cuál es la utilidad que tiene repensar la subjetividad en las investigaciones sociales? En primer lugar, permite incluir el trabajo de reflexión que realiza el investigador sobre sí mismo (autoconocimiento), de manera simultánea al reconocimiento del Otro y de los otros. Actividad que hace posible, a su vez, distinguir criterios de identificación y de pertenencia a distintos grupos humanos. La subjetividad es, asimismo, una guía para descubrir el origen de los sentidos que los sujetos producen históricamente para responder a las preguntas: ¿Qué somos? ¿Qué necesitamos? ¿Qué queremos? ¿Qué podemos ser? La subjetividad, finalmente, es útil para hacer una lectura metodológica de los proyectos de investigación: ¿Con qué tipo de sujetos se está trabajando? ¿Cuáles son sus mediaciones, sus ejes temporales y su articulación? ¿Cuál es la relación entre subjetividad y prácticas? ¿Cómo se articulan: discursos, direccionalidad, potencialidades y subjetividades? ¿Qué es la historicidad y cómo se expresa? ¿Qué es lo específico? ¿Cuál es la función mediadora de la subjetividad?
La subjetividad direccionaliza la apropiación del mundo (pasado/presente/futuro) y configura sentidos: ¿Qué ver? ¿Qué registrar? ¿Qué buscar?. Como instrumento de análisis, la subjetividad proporciona criterios metodológicos para buscar la especificidad, desmontar mecanismos: ¿Cómo hacen determinados sujetos lo que hacen? ¿Cómo se construyen los atributos, capacidades y potencialidades de los sujetos que participan activamente en el proceso social? ¿Qué es el análisis de mediaciones? ¿Cómo ocurren las mutaciones sociales? ¿Qué son las concreciones? ¿Cuáles son las expresiones de la subjetividad? ¿Por qué se considera a la memoria, a la experiencia y a la utopía como el núcleo constituyente de la subjetividad?
La redacción de este texto responde al deseo de reiniciar el intercambio dialógico y crítico sobre una base tangible, transitar del lenguaje oral al lenguaje escrito para convocar un ejercicio más profundo de reflexión, con la esperanza de ampliar las redes y el proceso constituyente de nuevas colectividades.
Tal vez esta manera de plantear la discusión sobre subjetividad social no cuente con una legitimidad instituida, pero da la suficiente libertad para vivir y repensar preguntas primordiales que funden lo individual con lo colectivo: ¿Qué somos? ¿Qué podemos saber? ¿Qué nos es dado esperar? Ante las tensiones que se producen entre lo individual y lo colectivo, se propone cuestionar uno de los principios de autoafirmación en la sociedad capitalista: el egoísmo como orientación de la vida, el egoísmo que cristaliza en separaciones artificiales entre los sujetos, el egoísmo individualista como categoría central de la subjetividad contemporánea, que se sustenta analógicamente a nivel macroestructural con el capitalismo, entendido como modo de producción y matriz de significaciones. Esta posición se adhiere a la tesis de Agnes Heller acerca de la naturaleza histórica de los sentimientos y a la posibilidad de que la conducta humana pueda ser guiada por una nueva ética donde se articulen la compasión, la empatía y el amor (Cfr, Heller, 1987, p. 282 y ss). La virtualidad de esa utopía permite la exploración de los entrecruzamientos y sistemas de relaciones entre algunos componentes "elementalmente humanos": la sexualidad, la expresividad y la espiritualidad en su cristalización histórica y cultural.
2. ¡Cultura a la vistaaa!
a. Donde se explica una inversión: de la cultura como objeto de estudio a la cultura como ángulo de lectura de la realidad.
En términos operativos es útil establecer con claridad dos usos de la palabra "cultura": cuando se utiliza la palabra para referir una cosmovisión, una expresión fenoménica o una variable a analizar, y cuando se le emplea como categoría de análisis. En este libro se intenta demostrar que la cultura es un recurso cognoscitivo que permite hablar de las dimensiones sociales y simbólicas de la historicidad, de la identidad y de las dimensiones que son necesarias para avanzar hacia sociedades sostenibles.
b. Donde se explica de qué manera la cultura puede articularse en una propuesta de transformación social.
¿Cómo se relacionan las dimensiones analíticas de la cultura con el diseño de sociedades sostenibles? En primer lugar, la idea medular de imaginar este tipo de sociedades remite a lo que podemos llamar "la premisa básica de la cultura", que consiste en asegurar la supervivencia de un grupo, de una comunidad o de una sociedad. Por consiguiente, una sociedad sostenible debe ser congruente con la satisfacción de las necesidades del presente. Al mismo tiempo, la dimensión imaginaria de la cultura es afín con su contenido ideal: construir un vínculo entre las generaciones de hoy con las de mañana, este tipo de sociedades es impensable sin esa visión de futuro, sin ese contenido ético verdaderamente asumido. Presente y futuro, con ser fundamentales, no son suficientes sin la recuperación crítica del pasado, sin el conocimiento del origen de la problemática social y ambiental contemporánea, sin la afirmación de las identidades culturales, la recuperación y revaloración de los patrimonios culturales diversos. Aún más, las sociedades sostenibles para afirmarse como proyecto colectivo, requieren la participación de múltiples formas expresivas (artísticas, comunicacionales, educativas, científicas), para dejar de ser un tema de especialistas y entrar de lleno en los debates sobre el tipo de sociedades en las que se desea vivir.
La dimensión cultural de las sociedades sostenibles es ese entramado de significados sobre el presente, el pasado y el futuro que le dan sentido a una nueva forma de vivir, de sentir y de participar en la transformación social: proceso abierto a la articulación creativa de memorias, experiencias y utopías orientadas a la construcción de un nuevo modelo social y productivo, respetuoso de la naturaleza, propiciador de la pluralidad y profundamente solidario.
c. Donde se tratan de explicitar las condiciones para pasar del discurso a la acción.
Los estudios culturales contribuyen a darle inteligibilidad a las transformaciones en curso. Pero para que esto sea así, es necesario tener la capacidad de generar concepciones que reconozcan la complejidad de la cultura vinculada a los procesos y las políticas que se requieren, más allá de identificar cultura sólo con manifestaciones artísticas o recluirla en una noción espiritual o telúrica, poco fecunda o insuficientemente arraigada en la vida cotidiana de la gente. Hace falta un discurso y un marco de referencia sobre la cultura y el cambio social que esté a la altura de los desafíos ya presentes y los que se esperan para el porvenir.
d. Donde se retoma la cuestión cultural y se plantea una agenda de trabajo.
En México, la cultura nacional se enfrenta a la conjugación problemática de la unidad, la diversidad y la pluralidad. Ya no será, -si alguna vez lo fue- un conjunto uniforme y totalizante de símbolos, prácticas, comportamientos, recuerdos y visiones de futuro; su nuevo rostro se muestra como las múltiples imágenes de un espejo trizado. Frente a esta situación es necesario actualizar las preguntas y problemas que permitan entender el presente y las perspectivas futuras del país. Una nueva agenda, debería incluir, para el ámbito cultural, cuestiones como estas:
i. ¿La realidad multicultural de México es un obstáculo o un recurso para imaginar y realizar una sociabilidad distinta?.
ii. ¿Existen conflictos entre las culturas en México?
iii. ¿Cuáles culturas son compatibles con la sustentabilidad?.
iv. ¿Cuáles culturas legitiman y refuerzan el modelo productivo dominante?
v. ¿Qué es la modernización cultural?
vi. ¿Qué tiene que ver la modernización cultural con la biodiversidad y la recreación de los patrimonios culturales vernáculos?
vii. ¿De qué manera se conciben las relaciones sociedad-naturaleza en las culturas que coexisten en el territorio mexicano?
viii. ¿Existen procesos civilizatorios en pugna?
ix. ¿Qué mestizajes, hibridaciones y sincretismos se han dado en la larga duración?
x. ¿Cómo han afectado las cinco década de "desarrollo" a las culturas regionales, locales, y étnicas en sus modelos productivos, sus territorios y sus propias formas de gobierno, conocimiento y control de los procesos de cambio?
xi. ¿Cuáles son las principales tendencias de cambio sociocultural hacia el Siglo XXI?
e. Donde se preve el curso de lo que vendrá.
Los cambios culturales siguen una dinámica propia donde la inercia marca de inicio una orientación difícil de modificar. En el nivel estructural, un cambio cualitativo no es previsible, el desarrollo no sustentable, basado en el principio incuestionado del crecimiento económico implica una concepción de la naturaleza como recurso, que no se modificará a corto plazo. Por consiguiente, una primera tendencia es que las dimensiones cultural y ambiental seguirán recibiendo un tratamiento sectorial. Si esto ocurre, difícilmente se avanzará hacia un nuevo modelo de sociedad.
Una segunda tendencia, tendría como ejes: la investigación académica, los medios de difusión y la acción de los movimientos sociales. La confluencia de estos actores es posible en el contexto de un debate acerca del proyecto de país que se desea, lo cual podría marcar la consolidación de los esfuerzos de numerosos equipos que en las instituciones de educación superior han generado conocimientos, tecnologías y diagnósticos afines con el desarrollo sustentable. La divulgación y socialización de los avances que se han realizado en esta materia presupone su traducción a formatos fácilmente accesibles, tarea que pueden cumplir los medios de difusión masivos. Pero es en el nivel operativo, cotidiano, concreto, donde el papel de los movimientos sociales resulta imprescindible. La modificación de los patrones dominantes de producción y consumo sólo se dará si hay una sociedad civil organizada capaz de presionar a las instituciones gubernamentales y a los sectores empresariales con proyectos y programas con los principios de la sustentabilidad y la equidad.
Una tercera tendencia, que no debe descartarse es la agudización de la crisis económica, social y ambiental, con el continuismo de un sistema político autoritario y excluyente compatible con los intereses de los sectores menos proclives a construir una sociedad sostenible. Bajo esta tendencia, la cultura, lejos de verse como un espacio de opciones para mejorar la vida, recibiría un tratamiento patrimonialista y de élite. La sustentabilidad, sería vista como una principio utópico y la equidad, se reduciría a la satisfacción de necesidades elementales.
3. ¡Rehacer el rumbo!.
a. Horizontes de sentido y ámbitos constitutivos de subjetividad.
¿Desde dónde construimos nuestro ser? ¿Cuáles son los horizontes de realidad que definen nuestra percepción del mundo? Para aproximarnos a una respuesta, es necesario recuperar los universos de sentido donde se despliegan la pluralidad cultural y las subjetividades coexistentes en nuestro presente: lo latinoamericano y lo mexicano en interrelación con el sistema-mundo.
¿Asistimos al surgimiento de un horizonte de confluencia entre procesos civilizatorios diversos? ¿Se inicia el predominio definitivo del modelo civilizatorio gestado en Occidente? ¿Tiene sentido plantear estas interrogantes cuando se sabe que todos los países está integrados en un proceso de acumulación a escala mundial? ¿Aún más, cuando es evidente que desde los años años ochenta se ha configurado un nuevo escenario, conceptualizado como un "Nuevo Orden Internacional", que expresa la formación de bloques, a partir de la centralidad de los países altamente industrializados: Estados Unidos, Japón y el grupo europeo de Francia, Alemania e Inglaterra? Ante este escenario, el estudio de las identidades nacionales en América Latina requiere de nuevos parámetros temporales y espaciales que tomen en cuenta a la globalización y a la mundialización como realidades complejas que deben ser teorizadas.
4. Cartas de navegación.
a. Lo latinoamericano.
La pluralidad aparece en ese escenario como una reivindicación universal que ha ocasionado cientos de conflictos regionales y que ha provocado cambios jurídicos a nivel internacional y nacional. La coexistencia de distintos pueblos dentro de un mismo estado ha sido reconocida parcialmente. Para el caso latinoamericano es urgente revisar el proceso histórico de construcción de las identidades nacionales y el estado actual de reconocimiento o desconocimiento de la pluralidad: ¿Cuáles fueron las consecuencias de adoptar el modelo napoleónico de estado-nación en la etapa de las guerras de independencia en el siglo XIX? ¿Por qué los proyectos político-ideológicos de liberales y conservadores se propusieron como objetivo lograr la construcción de una cultura nacional homogénea? ¿Por qué se "olvidaron" las diferencias constituyentes, no sólo de grupos sociales, sino de pueblos con una dimensión étnica y una matriz cultural que les ha permitido existir en procesos de larga duración? ¿Los pueblos que precedieron a la existencia de los estados nacionales pueden seguir su propia evolución en una etapa postnacional? ¿En qué ámbitos se expresa con mayor claridad la persistencia de las diferencias culturales? ¿Qué avances se han tenido en el reconocimiento de la pluralidad? ¿Qué consecuencias tiene ese reconocimiento? ¿Cuáles son los obstáculos que enfrenta la pluralidad cultural? ¿Son superables?
De acuerdo con el propósito general de este libro, esto es, ofrecer recursos metodológicos para pensar lo social a partir de la subjetividad y la cultura, es importante anotar la conveniencia de que el estudio de las identidades nacionales y la pluralidad cultural en América Latina:
a) reconstruya los procesos más significativos de índole histórica que posibilite identificar a los sujetos (en sus procesos constituyentes, escenarios y potencialidades), que están interviniendo a distintos niveles: internacional, estatal, regional y comunitario;
b) distinga diversos niveles de cristalización de lo social, nudos de articulación y conceptos ordenadores que permitan problematizar los temas donde confluye la complejidad y que pueden ser objeto de estudios específicos y comparativos. Por ejemplo: cultura constitucional y derecho indígena; expresiones culturales (teatro, cine, literatura); o proyectos culturales autogestionados, entre otros temas posibles. A manera de ilustración, se profundiza en el caso de la sociedad mexicana, realidad magmática e histórica a partir de la cual se hace posible este pensar y este sentir.
b. El horizonte constitutivo de las subjetividades en México.
¿Cuál es el sentido de la reflexión histórica? ¿Qué motivaciones se encuentran presentes en una colectividad que la inducen a revisar una y otra vez las etapas formativas de sus instituciones básicas? ¿Por qué resulta apremiante, por ejemplo, para la sociedad mexicana tener claridad sobre la historia de sus procesos culturales?
Es indudable que en la sociedad mexicana de hoy, en el umbral del Siglo XXI, existen fuerzas contradictorias que cuestionan la "forma nacional-estatal": son procesos externos de globalización e internos de diferenciación regional y étnica. De allí la importancia de estudiar las fases de la historia mexicana donde ha existido un esfuerzo deliberado de construcción de lo nacional. Para referirnos al pasado reciente, que configura nuestra "conciencia epocal", al menos hasta los años ochenta: ¿Qué factores intervinieron e hicieron posible la formulación y extensión del nacionalismo cultural en la fase postrevolucionaria 1920-1940? ¿Cuál fue el papel del estado, de los artistas e intelectuales en esa época? ¿Cuáles de sus tesis, obras e instituciones se mantienen vigentes? ¿Es posible renovar el nacionalismo cultural en las condiciones de la sociedad mexicana contemporánea? ¿Cuáles podrían ser los fundamentos para enfrentar con esperanza el cambio de milenio?.
5. Arribar al puerto.
La (re)emergencia de la subjetividad y su vinculación con los discursos contemporáneos sobre cultura.
Los afanes por comprender la naturaleza, la vida y lo humano remiten a empresas cognoscitivas que amplían constantemente lo conocido y que extienden, paradójicamente, el umbral de lo desconocido. La paradoja está inserta en el impulso vital que nos invita a preguntar y saber, curiosidad latente que a veces se ve obnubilada por la excitación espectacular de los sentidos. Frente a esta situación, el interés por la subjetividad forma parte de un movimiento emergente que reacciona a las insuficiencias de la objetividad banal y contra la idolatrización de la razón instrumental aplicadas a la manipulación y control social de las potencialidades humanas. ¿En qué se caracterizaría un enfoque que quiera ocuparse de lo subjetivo más allá de lo individual? ¿Cuál es la potencialidad que ofrece? La aproximación que aquí se ensaya acepta la flexibilidad semántica, metodológica e interpretativa que convoca la subjetividad. La potencialidad de lo subjetivo radica en que es una dimensión que enlaza los procesos constitutivos de la realidad, entendida como totalidad articulada de niveles, mediaciones, espacios y temporalidades diferenciales insertas en la praxis humana concebida como historicidad (Zemelman, 1992). ¿Qué claves de lectura nos ofrece esta perspectiva? ¿Cómo puede orientar la investigación cultural? Aquí se ensaya una respuesta, aceptando la fugacidad y permanencia del sujeto en el tiempo, siempre es desde un aquí y ahora, desde donde se establece esa oscilación imaginaria entre lo que fue y lo que será. Toda reflexión, realizada desde la subjetividad, implica mostrar el dispositivo deseante y cognoscente que se mira como un ser capaz de hacer recursivo el pensar y compartible el vivir. En consecuencia, indagar sobre la cultura supone una teoría de la implicación: el sujeto que conoce ha sido formado en determinada tradición cultural, la cual afectará sus percepciones; en estas circunstancias, es recomendable explicitar la configuración de disposiciones existente en el investigador. Esto es posible en los estudios culturales si se concibe a la cultura como el ámbito donde se confiere significación a los procesos sociales.
En los últimos diez años, gracias a un conjunto de investigaciones empíricas y al desarrollo de conceptos analíticos, ya se cuenta con una serie de premisas básicas para la investigación cultural. Por ejemplo:
1) se ha encontrado que la distinción de diferentes niveles de organicidad y sistematización de las significaciones, permite establecer una delimitación de carácter operativo entre lo cotidiano y la constitución de campos culturales; si bien es cierto que pueden emprenderse estudios sobre la vida cotidiana y la manera en la cual se resuelven cuestiones elementalmente humanas como comer, vestirse, asearse, transportarse, dormir ó hacer el amor, también pueden diseñarse investigaciones acerca de los agentes, las instituciones y las prácticas que se han especializado en la creación y recreación de significaciones, configurando universos de sentido de gran complejidad;
2) de igual manera se ha establecido la importancia heurística de distinguir tres dimensiones en la investigación de la cultura, a saber: la dimensión objetiva, la dimensión subjetiva y la dimensión expresiva o factual. La dimensión objetiva de la cultura se refiere a su materialidad, esto es, a los agentes, instituciones, artefactos y objetos especializados en la producción, codificación y difusión de significaciones; la dimensión subjetiva se pregunta cómo se internalizan, se incorporan, y se encarnan las significaciones en sujetos; la dimensión expresiva o factual comprende el momento en que las capacidades, valores, ideas, emociones y convicciones se objetivan a través de un repertorio muy amplio de formas.
En este libro se evitó, hasta donde fue posible el reduccionismo de pensar a la cultura como una expresión fenoménica o una variable más a analizar. La palabra "cultura" es polisémica y ofrece, en cuanto categoría de análisis, la posibilidad de ser utilizada como un recurso cognoscitivo flexible y útil. De manera sintética, se enuncian los ámbitos de significación a los que remite el análisis cultural:
i. Los procesos de socialización, adaptación y aprendizaje.
La cultura incluye la capacidad y las modalidades de adaptación a la realidad, con las cuales se supervive y se aprehende la sociabilidad. La cultura es ese sentido práctico de la realidad que permite la reproducción social.
ii. Las dimensiones imaginarias, los sueños, las utopías.
La cultura es utopía. La cultura incluye la adquisición de herramientas para cuestionar y distanciarse de las formas aprendidas de adaptación a la realidad. El derecho de soñar. Hay una dimensión utópica, de "exceso" de la cultura.
iii. Las capacidades nemotécnicas y la autorreferencialidad.
La cultura como memoria. La cultura es raíz, ligadura, registro sedimentado de lo que se ha hecho, de lo conseguido y de lo perdido, es el registro de todo lo que no se pudo ser y que quizá algún día se logre ser, es memoria viva, memoria actuante o memoria virtual. La cultura también es pasado, es un sentido del pasado, un sentido de todo lo que somos y de lo que podemos ser a partir de lo que fuimos.
iv. Las formas expresivas para representar el mundo.
La cultura incluye todos los lenguajes creados para hacer sentido. Con ellos se define el pasado, se imagina el futuro y se vive el presente. En este ámbito de la cultura hay luchas, <<conflictos>> sin fin, por romper categorizaciones y sentidos.
La cultura entendida como espacio de construcción de sentidos nos previene acerca del uso acrítico de las palabras, sobre todo de aquellas que tienen la capacidad de constituir realidades, por estar acompañadas de acciones coactivas o persuasivas.
En síntesis, la cultura como categoría, es útil para nombrar al conjunto de procesos de producción, circulación y consumo de significaciones, con las especificaciones siguientes:
i. La dimensión simbólica remite tanto a procesos de "campo", como a los procesos propios de la vida cotidiana; en el primer caso, el análisis cultural se aplica a la producción organizada de conocimientos, informaciones, imágenes, discursos y otros, y en el segundo, a la continua producción de sentidos al nivel de las relaciones cotidianas, mediante las interacciones situadas en que los individuos se ven envueltos con otros y consigo mismos.
ii. La producción simbólica en una sociedad capitalista se encuentra determinada por el proceso socioeconómico dominante en ella, por un modo de producción que organiza el desenvolvimiento en el tiempo de un conjunto estructurado y contradictorio de relaciones sociales, o lo que es igual, organiza un proceso social en su desarrollo. Las pautas de significación son elementos constitutivos de ese proceso, y forman parte de los factores dinámicos y complejos de la vida social, llegando a conformar entidades de organización y sentido que participan del proceso general de producción y reproducción social.
iii. En una sociedad capitalista la clase (o bloque de clases) dominante tiene la posibilidad material y la necesidad política de imponer su cultura, esto es, el conjunto de significaciones que orientan un modo de producir la realidad, adecuado a sus intereses de clase, como si respondieran al interés general. Lo que le da carácter dominante a una cultura es el hecho de que ella constituye una expresión sistemática de un modo de producción. La cultura dominante se presenta como un resultado, en gran medida no consciente, que la propia organización de las relaciones sociales de producción se encarga de internalizar, como si fuera un hecho natural, en la conciencia de los miembros de la sociedad.
iv. La autonomización creciente de campos especializados para la producción simbólica circunscribe espacios en que se lucha por la construcción social del sentido, porque si bien es cierto que en las sociedades capitalistas, las clases dominantes poseen los medios de producción en sentido económico, y también la mayoría de los medios de producción simbólica, no debe pensarse en la dominación como un hecho total y aplastante. Las clases y grupos subalternos no están totalmente desposeídos, el capitalismo, la lógica del valor, no cubre todas las áreas de la vida social.
v. El análisis de la cultura, entendida como un conjunto de procesos de significación, en una sociedad clasista puede elegir como eje de trabajo la identificación de situaciones de violencia simbólica, esto es cuando se trata de imponer la vigencia de un significado en otros.
vi. El análisis cultural puede ser traducido a modelos de comunicación que permitirían estudiar el encuentro (horizontal, vertical u oblicuo) entre sujetos portadores de significados diversos acerca de una misma práctica, objeto ó institución cultural. La construcción teórica de horizontes de interpretación permitiría indagar el origen sociológico de las significaciones, así como preguntar acerca de la relaciones que se establecen entre los sujetos y los contextos sociales en que participan.
De acuerdo con lo expuesto, tendríamos los elementos necesarios para diseñar un modelo de análisis cultural, que comprendería:
a. Un enfoque relacional, porque lo que interesa es estudiar situaciones donde los procesos de significación se transforman en violencia simbólica: ¿qué sucede entre signo, significado e intérprete?
b. Una indagación lingüística, porque el lenguaje es un poder institucionalizado y los modelos derivados de él para describir lo social están orientados verticalmente.
c. Una contextualización, porque los procesos de significación se encuentran inmersos en contextos específicos. Las dimensiones temporal y espacial no son solamente criterios de delimitación sino coacciones simbólicas que ordenan la vida de los individuos, imponiendo calendarios, ritmos y grupos de edad, o estableciendo una diferenciación de lugares, regiones y territorios.
d. Diversos procedimientos de formalización, con el fin de estudiar la estructura interna de los procesos de significación, para saber en qué radica su capacidad de simbolizar.
e. Finalmente, una práctica hermenéutica, que permita reconstruir, creativamente, el sentido global del objeto, práctica o discurso analizado.
El objetivo principal de este modelo de análisis cultural, sería explícitar las formas de violencia simbólica que orientan verticalmente el orden social contemporáneo, y que determinan los procesos constitutivos de la subjetividad, lo que supone la explotación económica, la dominación política y la hegemonía ideológica.
Las ventajas de este modelo de análisis son las siguientes: 1) que permitiría integrar diferentes recursos metodológicos de manera sistemática y coherente, explorando su virtualidad y reconociendo sus limitaciones particulares; 2) se trata de una propuesta que ha sido construida en función de la dimensión subjetiva y hermenéutica de la cultura; 3) se incorpora el contexto histórico-social donde se originan o adquieren sentido las formas simbólicas; 4) se le da un lugar importante a las relaciones de fuerza entre diferentes agentes sociales.
El diseño de investigaciones que vinculen este modelo con la manera en que se ha reconceptualizado la subjetividad permitiría proponer estrategias teóricas y metodológicas para conocer las sociedades complejas.
6. Sed de mar.
Recapitulación: ¿vivir para vivir?
Para el conocer, concebido como una forma de praxis, la única realidad susceptible de ser transformada por la acción humana es, precisamente la realidad humana, eso que llamamos mundo, incluyendo el ser genérico. Esto es viable si se acepta en el dis-curso el efecto reflexivo de la póesis, donde el ejecutor se convierte en objeto, además de ser sujeto de su propia actividad. Este es el sentido que se descubre al final del recorrido para el trabajo de conocer hoy y aquí, desde la subjetividad y desde la cultura la mundanidad que enmarca la disolución sustantiva de lo que fuimos para acceder a una poética del estar y del devenir.
Vivo
Respiro
Siento
Amo
Espero
Sueño
Invoco la armonía:
las voces se escuchan melodiosas
en los hilos suaves de una flauta dulce.
El dolor se escabulle entre las piedras.
El sol, la lluvia, el viento,
se suceden matizando el día.
Cada palabra es una invitación al juego
de construir sentidos.
Pienso en la palabra "tengo" y prefiero la palabra "soy"
en el camino hacia el regreso/retorno infinito.
Asumo este estar precario.
Reivindico el vivir...
¿Hacia dónde encaminar la búsqueda de sentido?
¿Qué mirada nos proporciona la subjetividad para renovar los estudios culturales?
¿Cómo se inculca el temor de estar?
¿Por qué se exalta la actividad objetivante?
¿Qué sucedería si ubicamos a la subjetividad en el centro?
¿Qué alternativas se han ensayado en la teoría y en la práctica <<socio-histórica>>?
¿Qué sistemas cognoscitivos tienen mayor potencialidad?
¿Hacia dónde conducen?
¿Cuáles son pertinentes para asumir un humanismo radical no antropocéntrico?
Olvido/recuerdo
conciencia/inconciencia
conocimiento/desconocimiento
fugacidad/permanencia
ir/llegar
zarpar/atracar
soñar actuado/actuar soñando.
Es de noche: la luna asoma una sonrisa.
Invoco la belleza,
toco con amorosidad cada ser.
Descanso.
Bibliografía.
Giménez, Gilberto , Teoría y análisis de la cultura, México, COMECSO/Universidad de Guadalajara, 1987
Heller, Agnes, Teoría de los sentimientos, México, Fontamara, 1987
Morin, Edgar, Para salir del Siglo XX, Barcelona, Kairós, 1982
Zemelman, Hugo, "La totalidad como perspectiva de descubrimiento", Revista Mexicana de Sociología, V. 41, no. 1, ene-mar, 1987, p. 53-86
Zemelman Hugo, Los horizontes de la razón. Uso crítico de la teoríaI. Dialéctica y apropiación del presente. Las funciones de la totalidad, Barcelona, El Colegio de México/anthropos, 1992
Zemelman, Hugo, Los horizontes de la razón. Uso crítico de la teoría II. Historia y necesidad de utopía, Barcelona, El Colegio de México/Anthropos, 1992
