ESTRATEGIAS FEMENINAS CONTRA LA VIOLENCIA, BASADAS EN EL ENTORNO

 

WENDY HARCOURT

Investigadora y escritora sobre Sexo y Desarrollo,

Editor de Development y Director de Programas,

Sociedad para el Desarrollo Internacional (Italia)

El concepto de lugar o entorno se escalona en tres niveles en las vidas y en las luchas de las mujeres. El primero es el propio cuerpo: es el cuerpo femenino el que define a la mujer como <<el otro>>, como ser reproductor (la madre) o como objeto de deseo sexual. A través del cuerpo, las mujeres intervienen en todas las interacciones relacionadas con el sexo, incluidas aquellas de las que se defienden o aquellas mediante las cuales desarrollan su identidad.

El segundo entono es el hogar que, para muchas mujeres, define todavía su identidad primaria social y cultural y el lugar donde transcurre su vida. El hogar y la comunidad inmediata son, generalmente, el santuario donde la mujer se realiza, donde alienta su propio sentido de poder y conocimiento y donde sostiene la subsistencia propia y de su familia, equilibrando sus espacios laboral y reproductivo. El término <<generalmente>> es importante, ya que las desigualdades sexuales dan lugar muchas veces a hogares inseguros, donde imperan la violencia doméstica y la opresión de la mujer. Aunque sea resistiéndose a esos factores, la mujer actúa y vive en gran parte en el hogar y es de él de donde extrae su fortaleza.

El tercer entorno es el exterior, el escenario político y social, campo dominado por el varón, al que muchas mujeres no tienen acceso todavía, donde la mayoría de las mujeres se encuentran silenciadas y donde pocas mujeres mandan. El movimiento feminista está creando, desde hace años, diversas vías de entrada a este entorno, aunque sean, con demasiada frecuencia, marginales en el pulso del poder político. Es necesario que la mujer contribuya a rediseñar instituciones donde su voz pueda ser oída, de modo que pueda intervenir o incluso cambiar radicalmente la escena política pública.

La política de entorno aparece en las luchas locales que, después, se conectan relacionando a diferentes grupos, de modo que no pueden encuadrarse fácilmente en los niveles nacional, regional o internacional. La lucha se entiende , sin embargo, más allá del nivel local. La política de entorno desafía deliberadamente el sentido de polaridad ente lo local, como <<aquí>> y lo mundial como <<allá>>. En su lugar, lo mundial se integra estrechamente en lo local. Las gentes conviven con lo mundial y, en verdad, estructuran lo mundial a nivel local. Utilizando las oportunidades que brinda la globalización (cambios en los discursos público y privado, nuevas tecnologías, ambivalencia del papel del Estado, posibilidades de relación a través de las fronteras geopolíticas), la mujer está respondiendo a los cambios, negativos y positivos, de la globalización, a través de la política de entorno.

Muchas mujeres, tanto individual como colectivamente, están delineando una estrategia de cambio en las diferencias de sexo, encaminada a conseguir una mayor igualdad y basada en sus realidades cotidianas, en su resistencia a las jerarquías y al sesgo sexual y en sus propias actividades. La base de este movimiento son los grupos comunitarios de mujeres que se relacionan dentro de su comunidad y con otras mujeres. Sus actividades desafían la definición de la mujer simplemente como víctima explotada de la globalización. En su lugar, están creando y viviendo lo mundial en lo local. Organizándose en ONGs y en organizaciones comunitarias de voluntariado, están haciendo frente a las peores formas de globalización, en el trabajo, en el hogar y en el mercado, y están aprovechando algunas de las oportunidades que brindan las tecnologías de la información y accediendo a estilos de vida, ideas y culturas diferentes.

Una de las áreas más profundas y más difíciles del conflicto entre los sexos ha sido, históricamente, la violencia contra la mujer: violencia doméstica, acoso sexual, violación en la vida civil, violación como instrumento de guerra. En las últimas décadas, muchas de las batallas libradas por la mujeres en pro de su autodeterminación han girado en torno a esa violencia. Gracias a una resistencia diversificada, en gran parte por grupos feministas de la sociedad civil, se han abierto nuevos espacios políticos que han forjado un cambio legal, social y cultural. Estos cambios deben ser, sin embargo, constantemente defendidos, ya que el proceso de globalización está llevando violencia a las vidas de las mujeres por muchas nuevas vías y en los tres niveles del cuerpo, el hogar y la comunidad, y la escena pública. Con la globalización, se ha producido un notable aumento de la violencia doméstica, de las violaciones, del abuso de drogas y de alcohol, factores todos ellos que afectan negativamente al bienestar, a la salud y a la autodeterminación de las mujeres, como receptoras de tales agresiones.

Luchando contra la creciente violencia que ha traído consigo la globalización y predisponiendo sus cuerpos y sus santuarios en el hogar y en la comunidad., las mujeres han sacado a la luz pública el tema de la violencia. Relacionando los problemas, se han asegurado de que la violación, la violencia doméstica y el acoso sexual no se silencien ni se vean como hechos asilados. Tanto la prensa como la opinión pública reconocen la violación como arma de guerra que, como en el caso de las repúblicas de la ex Yugoslavia, debe ser rápidamente castigada. A pesar de las divisiones étnicas, se han creado centros de mujeres para ayudar a las víctimas de la violación en la guerra. Las ONG en todo el mundo están ayudando a las mujeres inmigrantes para que puedan elegir opciones distintas de los servicios sexuales , y para recuperarse de situaciones difíciles.

El Movimiento para los Derechos de la Mujer de Fiyi (FWRM) es buen ejemplo de cómo los tres entornos de la mujer se pueden relacionar estrechamente. El FWRM nació de dos necesidades: proteger a la mujer de violencia doméstica y salvarla de la discriminación como trabajadora en las zonas libres de impuestos. En su plataforma reivindicativa ha incluido temas tales como la reforma constitucional, la desigualdad de la mujer en el trabajo y en el hogar, el trabajo agrícola no remunerado y la violencia doméstica y en el seno de la comunidad.

Trabajando con grupos multiraciales, el FWRM ha presionado para conseguir un salario mínimo para la mujer en la industria del vestido, ha distribuido encuestas sobre las condiciones de la mujer que trabaja en zonas libres de impuestos y se esfuerza por conseguir el reconocimiento legal del trabajo no remunerado de la mujer en el hogar y en la agricultura. El FWRM ha desarrollado una campaña en los medios de comunicación sobre la violación, bajo el nombre de <<Forceline>> (término local que implica que la violación es una práctica cultural aceptable), dirigida a escuelas, personal médico, agentes de policía, personal judicial y grupos de mujeres rurales. Contando con el apoyo internacional, el grupo se ha convertido en la voz de mujeres de Fiyi en los medios nacionales y en la escena política. Gracias a sus esfuerzas para terminar con la aceptación cultural de la violación y el maltrato a la mujer, el FWRM ha abierto espacios en los que los tres entornos de las mujeres se politizan, a través de su resistencia a la opresión.

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