Prefacio
La cultura da forma a nuestra visión del mundo. Puede, pues, dar
lugar a los cambios de actitud necesarios para garantizar la paz y el desarrollo
sostenible que, como es bien sabido, constituyen los únicos caminos para mantener la vida
en nuestro planeta. En la hora actual, esta meta está todavía lejana. En los albores del
siglo XXI, la humanidad se enfrenta a una crisis mundial, marcada por el aumento de la
pobreza en el mundo lleno de desigualdades, por la degradación del medio ambiente y por
una falta de visión en las ideas políticas. La cultura puede desempeñar un papel clave
en la resolución de esta crisis. Por ello, la UNESCO ha decidido elaborar un nuevo
instrumento, el Informe Mundial sobre la Cultura, que proporcione un análisis de ámbito
mundial en el que puedan basarse las nuevas políticas.
Cuando hablamos de cultura, nos referimos a maneras de vivir como individuos y a maneras
de vivir en comunidad. Una "cultura viva" es, casi por definición, aquella que
interactúa con otras y donde las personas crean, mezclan, adaptan y reinventan
significados con los que puedan identificarse. La UNESCO se siente obligada a preservar y
proteger lo que su Constitución llama "la fecunda diversidad de las culturas".
¿Que oportunidades se ofrecen a las diversas culturas, en un mundo cada vez más
interconectado, que experimenta cambios de una rapidez inaudita? A menudo se considera que
la uniformidad es el resultado inevitable del proceso de globalización que está
marcando, con tan fuerte acento, el fin de siglo. Pero, al mismo tiempo, se observa una
tendencia a la fragmentación que nos separa a unos de otros. Es seguro, sin embargo, que
no podemos permitir que se pierda ni una sola de las múltiples culturas del mundo y que
su supervivencia depende de que puedan coexistir de forma pacífica y creativa.
Los sistemas complejos extraen su fuerza de su diversidad: la diversidad genética en las
especies, la diversidad ecológica en los ecosistemas, la diversidad cultural en las
comunidades humanas. Cada cultura constituye una interpretación peculiar y única del
mundo y una forma de relacionarse con él: con un mundo tan complejo que la única
posibilidad de conocerlo reside en acercarse a él desde todas las perspectivas posibles.
Nuestra tarea consiste en conseguir que cada persona pueda ejercitar libremente su propia
cultura y, al tiempo, conozca y comprenda las demás. Ambas cosas exigen un respeto activo
y positivo de las diferencias entre todas las culturas donde reine la tolerancia. Es una
tarea que nos incumbe a todos, desde los individuos a los gobiernos y a los organismos
internacionales. De su éxito dependerá la forma que tome nuestro porvenir común.
No hay mejor manera de proteger la identidad cultural de cada persona y de cada grupo que
fomentar el respeto mutuo. En el espíritu de quienes redactaron y firmaron la
Constitución de la UNESCO en 1945, el desarrollo de los medios de comunicación tenían
como objetivo estimular "el conocimiento y la comprensión mutua entre las
naciones". Promoviendo "la libre circulación de las ideas, por la palabra y por
la imagen", se esperaba erradicar "la sospecha y la desconfianza entre las
naciones, a través de las cuales sus desacuerdos conducen a menudo a las guerras".
Conocimiento mutuo, libre circulación, diferencias... En su tarea de construir una
cultura de paz, la UNESCO se ha de preocupar, inequívocamente, por la diversidad y por la
reciprocidad. Sinceramente espero que el Informe Mundial sobre la Cultura aporte nuevos
cimientos al edificio de la paz.
Federico
Mayor
Director General de la UNESCO