Crecimiento de la población, desarrollo sostenible y medio ambiente
Sergei Kapitza
Físico. Profesor del Instituto P.L. Kapitza de Física, Moscú (Rusia)
(3er. Recuadro, cap. 6)
El crecimiento de la población ha alcanzado ya prácticamente el punto máximo de transición que llevará a una estabilización de la población en un futuro previsible, situándose el período de transición entre 1965 y 2050. Esta transición es notablemente corta, sobre todo si la comparamos con los millones de años de nuestra historia y, sin embargo, casi una décima parte de todos los seres humanos que han existido van a vivir este período de cambio rápido. El ritmo y la amplitud de esta transición se debe a interacciones en la población mundial y son el resultado de un comportamiento complejo de un sistema de dinámica claramente no lineal. Durante este período de ochenta y cinco años, la población del mundo se multiplicará por tres y envejecerá notablemente. Es indiscutiblemente el período más crítico y singular por el que nunca haya pasado la humanidad, que a lo largo de su historia siempre ha seguido un patrón de crecimiento estable y continuo. Este patrón está evolucionando ahora muy rápidamente hacia el de una población estabilizada. De hecho, es simplemente imposible evolucionar más de prisa desde el nacimiento hasta la saturación (excepto a través de una guerra nuclear total o de la intervención extraterrestre), y este cambio rápido ha de tenerse en cuenta para poder entender los problemas con los que se enfrenta el mundo en la actualidad.
Desde la conferencia de Río de Janeiro sobre Desarrollo y Medio Ambiente, en 1993, el concepto de desarrollo sostenible ha surgido como un hito significativo en el debate internacional sobre los problemas del mundo. Cinco años más tarde tuvo lugar otra conferencia en Nueva York para hacer balance de los resultados: en ella se revelaron algunas dificultades, con la aparición de diferente actitudes frente al desarrollo y el medio ambiente entre los países desarrollados y los países en vías de desarrollo. El consenso alcanzado en Río de Janeiro se encuentra ahora en peligro; es preciso examinar las razones que subyacen bajo las diferentes actitudes, teniendo siempre en cuenta la transición demográfica.
La distribución de la tierra, de los alimentos, de la energía y de la riqueza en el mundo muestran que el sistema demográfico mundial está muy lejos del equilibrio. Éste es el factor más importante, ya que indica que la relación entre esta distribución y un crecimiento rápido se refuerza a medida que un país se acerca a la transición demográfica. Por otra parte, la evolución de esta distribución demuestra que el proceso de evolución de la población mundial es dinámicamente sostenible de otro modo no habría podido evolucionar regularmente durante un millón e años, como lo ha hecho. Podemos asumir que el sistema demográfico mundial es abierto, y posee recursos suficientes para soportar su desarrollo en un futuro previsible. La primera indicación de una penuria mundial sería un patrón más uniforme del uso de los recursos. Al ritmo actual, el próximo siglo promete ser crucial para la que la humanidad alcance la etapa final en su adaptación al estado estabilizado del futuro, para luego alcanzar un patrón de desarrollo sostenible. Para entonces todo progreso deberá medirse por criterios que nos sean el simple crecimiento cuantitativo, el estereotipo de desarrollo ha dominado la humanidad durante un millón de años, es decir, decenas de miles de generaciones. La historia y nuestra existencia actual nos demuestran que el software, nuestras ideas y valores evolucionan mucho más lentamente que el hardware, que durante siglos se ha centrado en un crecimiento y una productividad máximos. Bajo la presión del rápido desarrollo, estas posturas inamovibles deberán cambiar. De todos los factores, éste es probablemente el más importante a la hora de resolver el problema de la sostenibilidad.
Estas ideas y conceptos proporcionan el contexto histórico para considerar la sostenibilidad de la biodiversidad de la biosfera. Como muestran las investigaciones recientes, se puede esperar que la biodiversidad se pierda en gran parte durante este período de rápido crecimiento, como sucedió en el mundo desarrollado hace dos o tres generaciones, es decir ,durante el período de crecimiento rápido. Hoy en día, el rápido crecimiento del mundo en vías de desarrollo se percibe como la principal amenaza para le medio ambiente mundial y la biodiversidad está en primera línea, como un elemento a largo plazo, cuando se la compara con los procesos medio ambientales a corto plazo. La misma tasa de crecimiento y la rápida transición hacia un nuevo mundo estabilizado son factores que compiten en la determinación de los resultados y del estado del mundo en un futuro previsible. Lo que en cierto modo puede y debe resolver estos problemas es un cambio de los valores que determinan los patrones de comportamiento social de la gente. Al ritmo de desarrollo del momento, el crecimiento material superan con creces el desarrollo del software de la humanidad. La diferencia entre nuestro valores e ideas y nuestro desarrollo material está influida en gran medida por los procesos de globalización. Si la generalización de la tecnología, el dinero y el conocimiento industrial están acelerando el desarrollo, la correspondiente difusión de ideas y valores apropiados ha quedado muy rezagada. La misma complejidad de la sociedad mundial complica aún más las cosas, ya que es necesario mucho tiempo para que nuestro hábitos y costumbres sociales se estabilicen, y aún más para que las instituciones internacionales evolucionen. Se puede medir la importancia de estos horizontes temporales, si se piensa que son necesarios nueve meses para producir un "hardware" humano, pero al menos veinte años para "programarlo" o educarlo. Éstas son las constantes fundamentales biológicas y humanas que en definitiva determinan nuestro desarrollo personal y el destino final de la humanidad. En último término, es la interacción y el equilibrio entre mente y materia lo que resolverá nuestro porvenir.