Capítulo 19

Indicadores culturales del bienestar: algunas cuestiones conceptuales

Prasanta Pattanaik

Profesor de Economía. Departamento de Economía, Universidad de California, Riverside (Estados Unidos)

Cultura y desarrollo humano

En esta parte del informe se examinan ciertas cuestiones conceptuales relativas a la elaboración de los indicadores culturales del desarrollo humano. Para ello, nos hemos basado especialmente en el marco analítico establecido en la obra de Amartya Sen (1985. 1987) sobre el nivel de vida. (Chakravarty (1995) hace un tratamiento más formal de algunas de las cuestiones planteadas por Sen). En nuestra opinión, tales indicadores deben servir para medir las aportaciones realizadas al bienestar humano por las actividades intelectuales, estéticas, sociales y políticas que realizan los individuos. Sen las denomina "funciones" (functionings) "actos" (doings) o "formas de ser" (beings).

Antes de pasar a analizar nuestro planteamiento de los indicadores culturales del desarrollo humano, es necesario aclarar ciertos conceptos básicos. En primer lugar, ¿en qué consisten tales indicadores y cuáles de ellos pueden fundamentalmente considerarse culturales?

Algunos indicadores son meramente descriptivos, como el número de grupos étnicos de un determinado país. Por el contrario, los relativos al desarrollo humano son evaluativos. Permiten determinar, por ejemplo, si el nivel de desarrollo humano de un grupo étnico es superior al de otro. Por tanto, pueden utilizarse para clasificar estos grupos (o países enteros, si es el caso) en función de su nivel medio de bienestar humano.

Toda evaluación debe basarse en ciertos criterios normativos. Los indicadores del desarrollo humano evalúan las sociedades en función de sus logros respecto a los componentes directos del bienestar humano. Obviamente, es posible aplicar otros criterios, como normas estéticas, para valorar los éxitos de las sociedades. Por ejemplo, puede afirmarse que la pintura de un período histórico es superior a la de una etapa precedente, o que el ballet clásico posee un nivel cultural superior al de los bailes populares. No obstante, no nos ocuparemos aquí de juicios estéticos ni de la evaluación de los niveles culturales.

Lo que nos ocupa es la evaluación de los logros de las sociedades en lo que se refiere al bienestar humano y, por tanto, nos interesaremos por factores sociales, políticos, intelectuales y estéticos sólo en la medida en que sean partes integrantes del mismo. Pero, ¿cómo definimos la noción de bienestar?

¿Qué es el bienestar humano?

Tradicionalmente, los economistas han identificado el bienestar de las personas con la felicidad y la satisfacción de los deseos y han establecido la posesión de bienes como el medio principal para alcanzar la felicidad. Amartya Sen ha criticado con agudeza este planteamiento por su subjetividad, en al medida en que el grado de felicidad depende de características accidentales de la psicología individual.

Como alternativa, Sen ha propuesto un enfoque más objetivo centrado en los logros personales con respecto a las actividades esenciales o "funciones", como alimentarse adecuadamente, vivir en sociedad sin avergonzarse de la propia situación en la vida, gozar de seguridad física, etc. Sen define la libertad personal como la oportunidad de elegir entre el conjunto de funciones diversas de que se dispone.

Dejando a un lado por el momento la cuestión de la libertad, adoptaremos el enfoque básico de Sen respecto al desarrollo humano. A nuestro parecer, el bienestar de una persona depende de sus logros respecto a las distintas funciones que le atañen. En este punto se plantean dos cuestiones. En primer lugar, ¿existe una relación de funciones que pueda ser aceptada como básica o esencial por diversos pueblos y culturas? En otras palabras, ¿es posible llegar a un acuerdo sobre la valoración de ciertos objetivos fundamentales para las actividades humanas? En segundo lugar, si es posible convenir una relación de funciones a las que se concede un valor, como alimentarse adecuadamente, saber leer y escribir o recibir información, ¿cómo pueden agregarse en una única medida general los logros obtenidos en todas estas dimensiones diversas? En nuestra opinión, la primera tarea, a saber, identificar los objetivos fundamentales, es mucho más fácil que acordar las ponderaciones relativas que deben asignarse a éstos para estimar el bienestar total de cada persona.

Clasificación de las funciones

Proponemos una clasificación de las funciones humanas en tres categorías: (1) físicas, (2) políticas y sociales y (3) intelectuales y estéticas. A continuación se refieren algunas de las principales actividades incluidas en cada categoría:

(1) Funciones físicas: (1a) esperanza de vida; (1b) alimentación adecuada; (1c) protección frente a los elementos; (1d) ausencia de enfermedades.

(3) Funciones políticas y sociales: (2 a) seguridad personal (en especial, respecto a las acciones invasoras del Estado y de otras entidades); (2b) participación en la vida comunitaria y política; (2 c) inmunidad frente a la discriminación por razón de raza, sexo, edad u orientación sexual; (2d) capacidad para vivir sin avergonzarse por la posición propia en la sociedad.

(5) Funciones intelectuales y estéticas; (3 a) capacidad intelectual para abordar los problemas de la vida; (3b) realización intelectual mediante la contribución al conocimiento humano; (3 c) realización estética mediante la expresión de las facultades creativas o la participación en acontecimientos estéticos.

Esta relación no pretende ser exhaustiva, sino sólo ilustrativa. No obstante, teniendo en cuenta nuestro planteamiento, los indicadores del desarrollo humano serán esencialmente indicadores del éxito de una sociedad en garantizar a sus miembros las funciones citadas anteriormente. Merece la pena subrayar que nuestro interés se centra en medir los atributos que se consideran valiosos en sí mismos, como componentes esenciales del bienestar humano, y no como medios para alcanzar otros fines; tampoco nos interesan los factores causales que puedan haber dado lugar a dichos atributos.

La distinción general entre las tres categorías de funciones mencionadas es bastante clara. No obstante, existen ciertas ambigüedades inevitables en la aplicación de este tipo de clasificaciones. Así, una determinada actividad puede contribuir a funciones en más de una categoría. Por ejemplo, cantar en un coro permite participar en la vida de la comunidad y constituye un acto creativo que enriquece la vida estética de la persona.

Asimismo, es posible que ciertas funciones no encajen perfectamente en una categoría específica. Por ejemplo, la seguridad personal puede incluirse en el apartado de funciones físicas o en el de sociales o políticas. Además, es obvio que la medida de algunas funciones no es sencilla. Así, aunque el significado intuitivo de "la expresión de las facultades creativas propias" es bastante claro, resulta difícil encontrar un indicador que la refleje con precisión. En estos casos, podría ser necesario utilizar indicadores "alternativos".

¿Qué es la cultura?

Una vez analizada la naturaleza de las funciones, ¿cómo definimos las de carácter cultural? Obviamente, la respuesta depende del modo en que se defina la cultura. Es posible, por ejemplo, optar por una definición muy general, en la que se incluyan casi todos los aspectos de la vida social, política, intelectual, religiosa y artística de un pueblo ("las costumbres, la civilización y los logros de una época o un pueblo determinados" según la definición que figura en el Concise Oxford Dictionary (1990)).

Existe otra noción de cultura distinta de la anterior y de utilización igualmente generalizada, centrada únicamente en los logros intelectuales y estéticos de un pueblo, a saber, "las artes y otras manifestaciones del desempeño intelectual humano consideradas colectivamente" de acuerdo con una definición alternativa ofrecida por ese mismo diccionario.

El informe Nuestra Diversidad Creativa, de la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo, utiliza el término cultura en un sentido mucho más amplio que el abarcado por la definición de "logros intelectuales humanos". No obstante, si optamos por una definición de cultura excesivamente general, ¿qué puede distinguir los indicadores del desarrollo humano? Los indicadores culturales, ¿deben tratar de reflejar, por ejemplo, funciones físicas como la esperanza de vida y una alimentación adecuada? Obviamente, en cierto modo, los aspectos "culturales" de la vida humana se encuentran entrelazados inextricablemente con los "físicos". Las actitudes "culturales" pueden determinar la dieta, lo que, a su vez, puede influir de manera significativa en el nivel de nutrición (y, posiblemente, en la esperanza de vida); por otra parte, las enfermedades recurrentes pueden perjudicar gravemente la escolarización de los niños y, en consecuencia, su desarrollo intelectual. Sin embargo, estos hechos no parecen por sí mismos la consideración de indicadores de esperanza de vida y de ausencia de enfermedades como indicadores culturales. La distinción entre funciones "físicas" y "culturales" es de carácter intuitivo y se basa en su naturaleza y no en los factores causales que influyen en nuestros logros con respecto a las mismas.

A la luz de estas consideraciones, recomendamos la restricción de la definición de "indicadores culturales" a las categorías de segunda y tercera de las funciones antes aludidas, es decir, a las de carácter político y social y a las intelectuales y estéticas.

Bienestar individual y bienestar social

Presumiblemente, queremos utilizar indicadores culturales del bienestar humano para evaluar los logros de las sociedades, no sólo los de las personas. No obstante, ¿cuál es la relación entre el bienestar social y el individual? En la economía del bienestar tradicional se supone, por ejemplo, que el bienestar de una sociedad dada viene determinado por los niveles de bienestar de las personas que la componen.

Planteando los supuestos pertinentes, es posible adoptar métodos específicos de agregación del bienestar de los individuos para lograr evaluar el correspondiente al conjunto de la sociedad. Sin embargo, para estimar los niveles de bienestar individual, es necesario disponer de información sobre los logros de cada persona con respecto a las distintas funciones (recuérdese que, en el marco propuesto por Sen que hemos adoptado, es la gama de funciones desempeñadas por cada persona la que determina su bienestar). Por desgracia, es muy poco probable que pueda contarse con esta información. Es más probable disponer de datos sobre la proporción de la población que ha alcanzado un determinado nivel en alguna función.

¿Es posible agregar estas proporciones? Un ejemplo puede contribuir a aclarar esta situación. Supongamos que sólo se ejercen dos funciones: realización intelectual (indicada por el número de libros leídos) y grado de realización estética (determinado por el número de conciertos a los que se ha asistido). Supongamos asimismo que el 90% de los ciudadanos ha leído 10 libros cada uno en un año y que el 10% no ha leído ninguno. Además, supongamos que el 20% de la población ha asistido a 5 conciertos en ese mismo año y que el 80% no ha asistido a ninguno. Ahora bien, puede que ignoremos qué porcentaje de la población ha leído 10 libros, pero no ha asistido a ningún concierto, etc. Y, sin embargo, este último tipo de información sería necesario para efectuar el cálculo normalizado del nivel de bienestar social a partir del nivel de bienestar personal.

Las dificultades que supone la recogida de datos pertinentes representan un grave problema en el planteamiento según el cual en primer lugar se procede a la agregación de los distintos componentes del bienestar personal con el fin de obtener una evaluación global y posteriormente se suman los distintos niveles de bienestar de las personas que componen la sociedad en su conjunto. Otro aspecto que entra en consideración para no elegir este método que en la fase inicial de este procedimiento de agregación en dos fases se pierden las distintas dimensiones del bienestar social, ya que en la primera fase se combina los logros personales en las diversas funciones para obtener el nivel de bienestar general de cada persona. Por ello, este enfoque no sirve a nuestro fin específico de elaborar indicadores culturales de bienestar social.

Existe un planteamiento alternativo desarrollado asimismo en dos fases: (1) para cada función, se evalúa el logro social mediante la agregación de los distintos logros personales en relación con aquélla; y (2) a continuación, se suman los logros sociales de las distintas funciones para obtener el logro social total. Para validar el planteamiento es necesario formular ciertas hipótesis sólidas. Además, presenta ciertas dificultades si en la medida del bienestar social se quieren tener en cuenta las desigualdades. Por ejemplo, las disparidades entre personas respecto a ciertas funciones pueden aumentar, pero si las variaciones de la desigualdad se mueven en sentidos diferentes, el nivel de bienestar individual de cada persona, juzgado por su combinación de funciones, podría mantenerse inalterado. Así, por ejemplo, si la desigualdad entre dos personas en lo que se refiere al número de libros leídos y la cantidad de conciertos a los que se ha asistido aumenta, pero una asistente a más conciertos, mientras que la otra lee más libros, puede que sus niveles de bienestar se mantengan iguales si el menor número de libros leídos en el primer caso y de conciertos a los que se ha asistido en el segundo compensa los aumentos anteriores.

La inclusión de la libertad

Como ya se ha mencionado, Amartya Sen considera que la libertad individual (definida como la gama de oportunidades de que dispone una persona) es un ingrediente esencial del bienestar de la persona. No obstante, si la libertad se define como el conjunto de la gama de funciones de que dispone una persona, no consiste necesariamente en una cuestión de "cultura" per se. Algunas de las funciones (por ejemplo, una alimentación adecuada) nos son "culturales". Además, sería necesaria una enorme cantidad de datos para establecer el conjunto de funciones referido.

En cualquier caso, puede resultar útil contemplar al menos los aspectos de la libertad de una sociedad catalogables como "libertades negativas"

La elaboración de indicadores

¿Cuáles son los indicadores culturales del desarrollo humano que hemos seleccionado, a saber, sociales y política (incluidas las libertades negativas) e intelectuales y estéticas? Para facilitar la realización del ejercicio, es necesario concentrar nuestra atención en un numero relativamente limitado de funciones que consideremos esenciales y que podemos analizar mediante indicadores adecuados.

Indicadores de las funciones intelectuales y estéticas

En la categoría de funciones intelectuales y estéticas, propondríamos los indicadores siguientes: (1) un indicador de educación ; (2) un indicador de investigación; (3)un indicador de producción de nuevos libros, periódicos, revistas, etc.;(4) un indicador de producción de música, danza, teatro, ópera, cine, programas de televisión, pintura, etc.;(5)un indicador de consumo de libros, revistas, periódicos, etc.; y (6) un indicador de consumo de música, danza, teatro, ópera, cine, televisión, vídeos, museos, etc.

En la mayoría de los casos, resultaría difícil sostener que el indicador considerado solo atañe a la función intelectual o estética. Por ejemplo, la producción de libros y publicaciones periódicas puede ser indicativa de la producción literaria o de la promoción del conocimiento.

Merece la pena subrayar algunas cuestiones al respecto. En primer lugar, los indicadores elegidos para está categoría, sean los que sean, deben cubrir tanto la producción como el consumo de productos estéticos e intelectuales. Un interés exclusivo en el segundo supondría la omisión de una dimensión tan importante como la creatividad. En segundo lugar, los indicadores deben abordar la gama completa de actividades culturales que a menudo se realizan al margen del "mercado cultural" organizado (por ejemplo, las danzas de las sociedades tribales, la música coral en la iglesia, las pinturas murales rituales realizadas por las amas de casa en la india rural ). En tercer lugar, debe quedar claro que nuestro interés en este caso no se centra en la superioridad o la inferioridad estética, sino en el bienestar humano. En este sentido, puede que la contribución de la música de un flautista tribal no sea inferior a la sofisticada aportación estética de la música clásica en un concierto formal.

Deben mencionarse a si mismo a otras dos consideraciones. En primer lugar, en el seminario sobre Indicadores Culturales del Desarrollo organizado por la UNESCO en enero de 1996, Paul Streeten planteó la idea de utilizar el tiempo como base de diversos indicadores. Por desgracia, la repercusión analítica de este enfoque no ha sido investigada adecuadamente en el campo de la economía del bienestar, No obstante, varios de los indicadores que recomendamos pueden expresarse en la practica de manera útil en unidades de tiempo comunes. Por ejemplo, el consumo de libros, periódicos y revistas pueden medirse con arreglo al tiempo dedicado a la actividad, al igual que al consumo de música, cine, ópera, etc. Asimismo la educación puede evaluarse en función del número medio de años pasados en centros docentes.

Al elegir los indicadores, debemos intentar además recoger ciertos aspectos de la "pobreza" en función de los atributos objeto de estudio. Por ejemplo, sería conveniente usar el numero medio de años de enseñanza de una población teniendo en cuenta la incidencia del analfabetismo, que puede considerarse en una forma de "pobreza educativa". Igualmente, al elaborar los indicadores de las funciones estéticas basados en el tiempo, debemos ajustar estos según la proporción de la población que dedica a la actividad en cuestión un tiempo inferior a un mínimo estipulado

Indicadores de las funciones sociales y políticas

Aunque es posible concebir un gran numero de indicadores de las funciones sociales y políticas, parece prudente concentrarse en unos pocos ilustrativos de algunas actividades básicas. Destacaremos tres áreas de consideración: (1) la violencia, (2) la discriminación, (3) la libertad política, sobre todo la libertad de pensamiento y expresión y la necesaria para emprender actividades políticas. Para los indicadores de la violencia debe tenerse en cuenta la violencia de todo tipo, tanto la étnica como los crímenes violentos, Asimismo, una medida de la discriminación debe ser suficientemente general para que cubra la practicada pos razón de sexo, raza, religión, etc.

Es probable que, de las tres áreas propuestas, la de la libertad política sea la mas polémica y difícil de conseguir. Debemos basarnos en la medida de los posible en información cuantitativa (como el número de prisioneros políticos, la incidencia de la violencia inducida por el estado contra las fuerzas de la oposición y la diversidad de los partidos políticos reconocidos). La s opiniones se viertan deben declararse explícitamente y basarse en criterios "precisos".

Agregación de indicadores

¿Deben agregares los diversos indicadores que hemos propuesto para obtener un indicador cultural compuesto del desarrollo humano? Obviamente, al efectuar este ejercicio no es necesario elegir entre todo o nada. Es posible optar por diversos grados de agregación parcial.

Incluso sin agregación, los indicadores culturales pueden ser útiles de muchas maneras, pero la información que aporta un gran numero de ellos puede adolecer de una falta de orientación intuitiva y, en ocasiones, puede resultar desconcertante. Por tanto, es necesario efectuar en cierta medida una agregación que sustituya una multitud de indicadores por un numero relativamente limitado de indicadores. ¿es conveniente ir mas allá e intentar elaborar un único indicador compuesto? Nótese que, aunque la respuesta sea afirmativa, no es imprescindible descartar los indicadores parciales. De hecho, si finalmente se decide elaborar este tipo de indicador cultural de desarrollo humano global y único, este instrumento debe adoptarse como elemento adicional, y no como sustituto, de los diversos indicadores parciales en los que tendrá que basarse. No cabe duda de que desechar tales indicadores parciales a favor de uno compuesto resultaría poco aconsejable, ya que daría lugar a una enorme perdida de información. No obstante, siempre que se conserven estos, un indicador compuesto puede utilizarse para promover el análisis y el debate acerca de la importancia relativa de las diversas dimensiones que lo componen.

En ocasiones se ha objetado que una agregación plena carece de sentido, ya que se combinan elementos de gran disparidad, como el consumo de música, cine, etc. Sin embargo, nuestro concepto del bienestar humano (que todos los indicadores están diseñados para reflejar) constituye un principio analítico unificador para la agregación. A riesgo de insistir en lo obvio, cabe señalar que, dadas las restricciones impuestas por la escasees de recursos, las sociedades pueden comparar las ventajas de dedicar una cierta cantidad de sus recursos a fines como la reducción de la violencia en la sociedad con las ventajas que reporta la asignación de esa misma cantidad a otros intereses como la promoción de la música clásica. La base normativa de tales comparaciones suelen fundamentarse en opiniones explícitas o implícitas acerca del bienestar individual y social.

En ocasiones se ha objetado que una agregación plena carece de sentido, ya que se combinan elementos de gran disparidad, como el consumo de música, cine, etc. Sin embargo, nuestro concepto del bienestar humano (que todos los indicadores están reflejados para reflejar) constituye un principio analítico unificador para la agregación. A riesgo de insistir en lo obvio, cabe señalar que, dadas por la escasez de recursos, las sociedades suelen comparar las ventajas que reporta la asignación de esa misma cantidad a otros intereses como la promoción de la música clásica. La base normativa de tales comparaciones suele fundamentarse en opiniones explícitas o implícitas acerca del bienestar individual y social.

Otra objeción al indicador compuesto es que puede existir una escasa correlación entre los indicadores que lo constituyen: estos pueden moverse en sentidos opuestos al intentar realizar comparaciones entre países. Esta critica seria valida si nuestro propósito fundamental fuese determinar las razones que explican ese movimiento divergente. Sin embargo, lo que intentamos en realidad es clasificar los distintos países de acuerdo con sus logros respecto a las funciones culturales, de modo que la falta de correlación entre los indicadores individuales no resulta especialmente problemática.

Mayor complejidad reviste el hecho de que en toda norma sobre agregación de indicadores culturales deban introducirse directo o indirectamente opiniones acerca de la importancia relativa de cada uno de ellos. Es probable que la aplicación de una norma laxa como el "principio de dominación2 ("el nivel del país A es superior al del país B si el primero es al menos equivalente al segundo en cada uno de los indicadores y estrictamente superior en algunos de ellos ") no genere mas que una ordenación parcial. Es necesario adoptar normas mas estrictas respecto a la agregación con el fin de obtener una clasificación de mayor utilidad. Quizás esta no sea la ocasión apropiada para abordar un análisis pormenorizado de la estructura de las distintas clases de normas de agregación plausibles. No obstante, con independencia de la que se elija, exigirá la utilización de parámetros cuyos valores dependerán de juicios éticos. Es necesario formular explícitamente estos juicios y llevar a cabo un estudio matizado para comprobar la fiabilidad de los resultados en relación con los valores alternativos de los parámetros.

Bibliografía

CHAKRAVARTY, A. 1995. The Concept and the Measurement of the Standard of Living. (Tesis

doctoral, University of California, Riverside.)

COMISION MUNDIAL DE CULTURA Y DESARROLLO, 1995, Nuestra Diversidad Creativa. París,

UNESCO.

SEN, A. 1985. Commodities and Capabilities, Amsterdam, North Holland.

_______. 1987. The Standard of Living, Cambridge, Cambridge University Press.

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