Capítulo 3(Recuadro 2)

 

El objetivo de la convivencia

La sostenibilidad no puede lograrse sin la convivencia. Un pueblo no puede controlar el entorno natural racionalmente si el "modo en que conviven" sus miembros les obliga a pasar de hambre, o a ser avariciosos o destructivos. Necesitamos un nuevo modelo de relaciones humanas para conseguir un desarrollo sostenible.

Es necesario adoptar nuevos conceptos en esto momentos de cambio de las estructuras sociales, de gobierno y de relación entre los sexos debido a la globalización y al auge de los movimientos sociales y culturales transfronterizos. Los estados-nación reorganizan sus procesos de toma de decisiones y de participación en sus diversas instituciones. Esta evolución da lugar a la transformación del modo en que las personas afrontan sus múltiples lealtades con respecto a la lengua, la cultura y la identidad nacional. Asimismo, la descentralización del conocimiento y de la información las lleva a remodelar los mapas cognitivos que las vinculan a los distintos ámbitos de la vida diaria.

Obviamente, la gobernabilidad es útil como principio rector de esta reorganización, pero exige la adopción de un planteamiento "de arriba abajo" respecto a las sociedades. ¿Qué ocurre cuando las fronteras políticas de las unidades administradas no coinciden con las culturas? Estas últimas pueden delimitar grupos más amplios, como es el caso de los kurdos en Oriente Medio, o más pequeños, ya que la mayoría de los países del mundo son multiculturales. Las fronteras religiosas también se redefinen en todo el mundo. ¿Se tendrán en cuenta todos estos cambios al formular nuevas políticas? Parece evidente que la dinámica social y cultural debe interpretarse y gestionarse con otras herramientas, con nuevos instrumentos aún inexistentes.

La Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo define la cultura como "forma de convivencia". Por esta razón, en Nuestra Diversidad Creativa se afirma que la cultura constituye una parte esencial del desarrollo sostenible. Más del 80% de los fenómenos que generan riesgos para nuestra supervivencia como especie son antropogénicos, es decir, tienen su origen en acciones humanas. Sin embargo, la consideración de la sostenibilidad se ha centrado casi exclusivamente en las relaciones directas de los seres humanos con el entorno natural, mientras que las indirectas (las establecidas entre personas) se abordan como una cuestión de gobernabilidad totalmente independiente que debe analizarse y decidirse de acuerdo con otros modelos específicos de la realidad.

No obstante, sabemos que la cooperación en las relaciones humanas constituye un requisito previo para lograr un desarrollo sostenible. Satisfacer las necesidades humanas actuales y, al mismo tiempo, conservar y proteger el medio ambiente natural para las generaciones futuras requiere una interacción equitativa y armoniosa entre las personas y las comunidades. Con frecuencia, los debates sobre estas cuestiones se centran en el grado de prioridad que debe concederse a los aspectos medioambientales y a los humanos. Debe adoptarse un nuevo modelo en el que se integren ambos del mismo modo que se entrelazan en la realidad.

En muchos lugares, a las personas, incluso cuando están sensibilizadas y dispuestas a proteger el medio ambiente natural, les resulta imposible cumplir con esta tarea a causa de las perturbaciones económicas, políticas o culturales. La eliminación de estas presiones requiere una administración eficaz y una organización basada en procesos democráticos. Pero también exige una convivencia adecuada, es decir, una reorganización de las lealtades culturales que permita a los seres humanos con ideales diferentes vivir juntos de manera compatible en una biosfera viva. El término "convivencia" refleja este afán en el sentido en que se utilizaba en la España del siglo XV para aludir a la coexistencia pacífica de cristianos, judíos y musulmanes. Procede del latín convivere, empleado por primera vez por Séneca y otros autores latinos con el significado de reunir a personas para un banquete. "Vivencia" en español, también significa adquisición de experiencia del mundo, por lo que "convivencia" no sólo significa vivir juntos, sino también compartir la experiencia de la vida.

La convivencia podría servir como principio rector de la transición cultural que debemos experimentar en la Era de la Globalización. Asimismo, este concepto podría utilizarse como indicador del funcionamiento de los gobiernos y de la sociedad civil.

Lourdes Arizpe

Antropóloga.

Directora general adjunta de Cultura, UNESCO

Regresar