Capítulo 3 (recuadro 1)
Lo global en lo local
El proceso promovido por Unity Dow en Botsuana, que ha sido objeto de una amplia difusión, constituye un buen ejemplo de la interrelación y la tensión entre las normas internacionales y las costumbres locales. Este asunto pone de relieve que las normas internacionales (en esta ocasión se trata de la discriminación de las mujeres) sólo son eficaces cuando los agentes locales recurren a ellas en conflictos que se desarrollan y debe resolverse en el ámbito institucional y cultural local ( nacional), y no cuando se consideran imposiciones del exterior.
La significación inmediata de este asunto radica en que fue la primera vez en la historia del país en que una mujer llevaba la Administración ante los tribunales de justicia. Los orígenes del proceso, conocido como Dow contra el Estado de Botsuana, se encuentran en las enmiendas a la Ley de Nacionalidad de 1984, en virtud de las cuales la Administración restringió las categorías de personas que podían adquirir la nacionalidad por nacimiento o por filiación.
Unity Dowm, una eminente abogada de Gaborone y miembro destacado de la organización feminista Emang Basadi ("Mujeres en Pie"), había contraído matrimonio con el ciudadano de Estados Unidos Peter Nathan Dow antes de 1984. Tenía tres hijos, dos de ellos nacidos después de esta fecha y, por tanto, afectados por la modificación de la Ley de Nacionalidad. De acuerdo con ésta, esos dos hijos no eran ciudadanos de Botsuana, a pesar de haber nacido en el país y haber pasado en él toda su vida y a pesar, incluso, de la nacionalidad de su madre.
En noviembre de 1990, Unity Dow decidió impugnar la ley ante los tribunales. En su opinión, a sus hijos se les negaba la nacionalidad botsuana por la condición de extranjero de su marido. Asimismo, argumentó que los hijos de un varón botsuano casado con una extranjera habrían obtenido la nacionalidad sin dificultad.
Desde su inicio, el caso se consideró como una piedra de toque encaminada a sentar un precedente para la adopción de futuras acciones judiciales a favor de las mujeres. En junio de 1991, el juez Horowitz dictó una larga sentencia de 24 páginas. Afirmando que en cuestiones de derechos humanos estaba obligado a realizar una interpretación generosa de la legislación, falló a favor de Unity Dow y declaró los artículos pertinentes de la Ley de Nacionalidad "nulos de pleno derecho". Reconoció que Unity Dow había sido discriminada a causa de su sexo y que, por ello, se le habían negado derechos fundamentales como la libertad y la protección frente al trato degradante y frente a las restricciones a su libertad de movimientos, acogiendo los argumentos expuestos por la abogada demandante.
Las reacciones a la sentencia fueron inmediatas y variaron en gran medida según el sexo de los afectados. Los partidarios de Unity Dow la saludaron como un gran avance para las mujeres, con la esperanza de que la Administración se decidiera a modificar a la mayor brevedad la totalidad de las leyes discriminatorias. El Gobierno, por su parte, que parecía representar la opinión de la gran mayoría de los hombres, la atacó con vehemencia, calificándola de afrenta inaceptable para la cultura tsuana.
Dos semanas después de la sentencia, la Administración hizo pública su decisión de recurrirla: anunció la interposición de un recurso ante una sala del Tribunal Supremo constituida por cinco miembros y declaró que, entretanto, los artículos de la Ley de Nacionalidad se mantendrían en vigor. Asimismo, señaló que, en caso de que se desestime el recurso, consideraría la preparación de una enmienda a la Constitución para permitir la discriminación por razón de sexo. Como se afirmaba en una declaración del Fiscal General del Estado, podría llegar a ser necesario "garantizar que la Constitución refleje las normas populares de Botsuana". No obstante, en diciembre de 1991 el recurso fue visto por el Tribunal Supremo en pleno, que en julio de 1992 confirmó la sentencia del juez Horowitz.
En definitiva, el asunto Unity Dow está directamente relacionado con el antagonismo entre "valores culturales" y "derechos" en los debates internacionales sobre derechos humanos. Tiene equivalentes estructurales en muchas regiones del África subsahariana, donde numerosos movimientos, organizaciones y redes de mujeres dedican en la actualidad una atención prioritaria a los derechos de la mujer, como se puso de manifiesto patente en Conferencia Mundial Sobre Derechos Humanos celebrada en Viena en 1993.
Este caso ilustra la inexistencia de una "cultura botsuana" como un todo unitario, como una entidad limitada respecto a la cual poder afirmar que los derechos humanos son o no son aplicables Se trata de hecho de una cultura objeto de debate, negociación y contestación vehementes.
Además en el proceso de debate sobre lo que son o lo que deben ser los derechos humanos (de las mujeres) en Botsuana está muy presente la cuestión del poder. Las diversas partes interesadas manipulan distintas formas de conocimiento en contextos específicos con el fin de alcanzar objetivos concretos.
Por último, en la consideración de los derechos humanos como forma de cultura en acción en el juicio de Unity Dow y en torno a este caso, participaron muchas voces de dentro y fuera de Botsuana. Esta realidad contrasta de manera notable con la antigua percepción de la autonomía y la integridad de las culturas con base territorial. Indica al mismo tiempo que la visión relativista tradicional de los derechos humanos como un elemento especialmente "occidental" no puede seguir sosteniéndose.
Actualmente, no cabe duda de que los derechos humanos han adquirido una dimensión cultural mucho más amplia, con perspectivas de alcance mundial y con interacciones mucho más creativas, y que mujeres como Unity Dow y sus partidarias feministas los han hechos suyos.
Ann-Belinda S: Preis
Antropóloga. Coordinadora ejecutiva,
Informe Mundial sobre la Cultura, UNESCO