La política cultural en Japón

Además de la protección del patrimonio cultural, tangible e intangible, la política cultural de Japón, desde el fin de la guerra, se ha centrado en fomentar las actividades creativas individuales de los ciudadanos, contrastando así con la política nacionalista de los gobiernos anteriores a la guerra, que utilizaban la cultura como medio para alcanzar objetivos nacionales. Durante los últimos años, sin embargo, la actitud individualista de los poderes públicos ha evolucionado, en parte porque ha disminuido el miedo de la gente a la intervención del Estado en materia cultural. Aunque el presupuesto de cultura del Gobierno central ha aumentado con mucha lentitud, se han multiplicado las aportaciones de las administraciones locales y de los donantes privados. Esta descentralización y diversificación de la ayuda ha contribuido eficazmente a reducir las aprensiones de ciertos medios, que temían que la política cultural adoptada por los poderes públicos coartase la libertad de creación de expresión.

El Gobierno japonés ha adoptado una serie de medidas culturales coherentes, en especial una política para el siglo XXI, "Arts. 21", que incluye un plan de desarrollo a largo plazo de las actividades culturales. La reciente inauguración del Nuevo Teatro Nacional es un ejemplo de participación directa del Gobierno en las actividades creativas y abre una dimensión completamente nueva en la historia de la política cultural de Japón.

Se espera, por otra parte, que, cone l desarrollo de la industria de los medios de comunicación, la cultura sea pronto uno de los sectores más importantes de la economía japonesa. Como las artes y la cultura son elementos clave en los programas de comunicación, la política en este campo se deberá articular en torno al desarrollo de la política cultural. La idea de un desarrollo cultural que tenga como único fin la cultura es cada vez más difícil de defender.

La democratización de la cultura es un elemento importante de la política cultural japonesa. Se han hecho progresos sustanciales para garantizar un mayor acceso a las artes y a la cultura: reservadas otrora a algunos privilegiados, las artes están hoy día al alcance de todos cuantos deseen disfrutarlas. Es más, se han tomado medidas para otorgar mayor prioridad a la promoción de culturas más autóctonas en todo el país, en lugar de la difusión de la cultura elitista de los grandes centros urbanos. La ley recientemente aprobada para promover la cultura ainu y la decisión de construir un teatro nacional de Okinawa Kumiodori muestran claramente que los responsables de la política cultural de Japón están prestando mayor atención a las tradiciones culturales de los grupos minoritarios y a las regiones hasta ahora peor atendidas.

Sin embargo, la política cultural japonesa siempre ha tendido a dar prioridad a las artes y a la cultura que reflejan el modo de vida de los grandes grupos urbano que dominan la educación y la cultura. La ayuda financiera pública va preferentemente a las artes llamadas "mayores", sin fines de lucro; ninguno de los ciento veinte miembros de la Academia Japonesa de las Artes representa a las artes populares, locales o "comerciales" y sólo unos pocos artistas ajenos al círculo de las artes "mayores" han conseguido la Orden del Mérito Cultural.

La cultura japonesa contemporánea es una mezcla de antiguas tradiciones locales, influidas por las civilizaciones del continente asiático y por la cultura occidental, que se introdujo con el ánimo de modernizar el país. Estas distintas corrientes, que se conforman y se transforman mutuamente, se funden actualmente en las múltiples capas del complejo tejido de la moderna cultura japonesa.

Sólo desde los años 70 y 80 los japoneses comenzaron a tomar conciencia de la necesidad de explotar la riqueza de las culturas tradicionales y de las culturas locales autóctonas del país. Pero esta tendencia tiene poco que ver con cualquier sentimiento nacionalista o con una vuelta a un fundamentalismo trasnochado. Por el contrario, refleja la búsqueda de una autenticidad cultura, capaz de nutrir una vida espiritual más gratificaste. No obstante, hay mucha gente que sigue pensando que todo lo que en la cultura japonesa se asocia con las tradiciones acumuladas del pasado constituye un peso muerto.

Reflejando esta ambivalencia, la política gubernamental tiende a englobar ambas tendencias. Así, estimula el renacer de la identidad cultural local y de la cultura tradicional, al tiempo que favorece los intercambios internacionales, entendiendo que los estímulos externos son indispensables para mantener la vitalidad cultural de la nación.

El problema con que se enfrenta hoy día la política cultural de Japón va más allá de la simple elección entre una cultura influenciada por el extranjero y una cultura local, o entre el multiculturalismo y la unidad cultural. A decir verdad, Japón trata de crear una cultura híbrida que se distingue a la vez de sus propias tradiciones y de la cultura occidental. A este respecto, deposita muchas esperanzas en los intercambios internacionales que permitan establecer una conexión entre lo local y lo mundial. Queda por ver si el éxito coronará est tentativa de crear una cultura universal, por medio de la cooperación internacional, manteniendo y diversificando, al mismo tiempo, las culturas endógenas propias.

Michihiro Watanabe

Especialista en Asuntos Culturales. Decano del Departamento de Administración de la Música y las Artes de la Universidad Musical de Atsugi (Japón).

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